8 maneras de sortear [asumir] fallas

Todo profesional relacionado con las TI ha oído hablar de la ley de Murphy. Algunos creen no haberla experimentado; otros dicen no haberla experimentado; otros niegan haberla experimentado. Tal vez [aún] no se han dado cuenta.

Sabemos que un error es causa de una falla, y ambos pueden ocurrir por diferentes razones -pero, como dijo Churchill, por ni una sola excusa; y que una falla (que, dependiendo del impacto, podríamos considerar como problema), puede conducir a uno o más incidentes. Con una adecuada formación en gestión de servicios podremos determinar los ámbitos de actuación de cada uno de estos términos.

Siguiendo a Deming, luego que resolvemos la condición negativa que se presentó [y que impactó el servicio o la seguridad de la información relacionada], ¿tomamos alguna acción? ¿Evaluamos los resultados de los cambios implementados en el valor de los servicios que se entregan, y/o en la seguridad de la información? Verificar el éxito del cambio ejecutado para [al menos] mantener la calidad del servicio entregado o su seguridad es bueno pero, en adición, debemos validar que la necesidad del cambio haya sido satisfecha, desde el punto de vista de la entrega de valor del servicio (SLA, clientes) como para los stakeholder (beneficios, cumplimiento, reguladores, regulaciones, evitar demandas o pago de moras, entre otros aspectos a considerar).

La tecnología juega un papel importante en todo esto, como también lo hace la cultura [organizacional, de servicio, de calidad, de seguridad, …].

En lugar de tratar con una, digamos, oportunidad de mejora, de forma individual -y hasta aislada, ¿realmente aprendemos de esta(s) tras aplicar mecanismos sistémicos apropiados y de manera oportuna y correcta? ¿está nuestra cultura [institucional] lo suficientemente madura para esto? ¿somos realmente un referente en esto –o al menos buscamos estar en camino de serlo? ¿utilizamos herramientas apropiadas para analizar la causa raíz de las oportunidades de mejora? ¿Son estas herramientas utilizadas por colaboradores competentes? ¿Gestionamos apropiadamente el triángulo procesos-personas-tecnología? ¿Qué tan proactivos somos al respecto? ¿Están clara y completamente identificados todos los involucrados, así como los límites, restricciones, expectativas, y presiones relacionados? ¿Hay vacas sagradas o el cliente es nuestra meta, no sólo de palabra sino con acciones concretas, duela a quien le duela? ¿Entendemos que habrá efectos negativos si hacemos mal las cosas?

¿Aprendemos de los errores de los demás? A propósito de las últimas noticias sobre ransomware. ¿Están los procesos establecidos y son seguidos? ¿Tienen las evidencias necesarias –ya mismo?

¿Sabemos qué información está disponible para las personas que trabajan en resolver problemas y qué tan rápido pueden obtenerla, para que puedan desarrollar pautas claras para evitar complicar el problema debido al estrés, la confusión o la fatiga? Información contextual, oportuna, clara, correcta, vigente, y completa, así como, objetividad y enfoque en la tarea, son condiciones primordiales en estos casos.

Tal vez nos centramos en buscar culpables, primero y siempre, afectando la moral –y perdiendo tiempo valioso, sin que nos importe nuestro cliente. Evitamos, consciente (limitaciones, presiones, carencias, inexperiencia, otros) o inconscientemente (confiamos ciegamente que la acción correctiva evaluada, elegida, y llevada a cabo es la definitiva), responder a la pregunta: si asumimos que podría ocurrir nuevamente, ¿cómo responderíamos mejor esta vez? ¿Son nuestros reportes del tipo ‘lecciones aprendidas’ (en sentido positivo) o del tipo ‘post mortem’ (en sentido negativo)?

Claro, errar es humano, y las estadísticas nos dicen que el ‘error humano’ bordea el 70% como causa de accidentes de tránsito en Lima. Bueno, tenemos factores como condiciones físicas del conductor (estado de alerta/lucidez, velocidad de reacción, ingestión de elementos alucinógenos o de bebidas alcohólicas, fatiga-cansancio-somnolencia), atención a la tarea –y no al celular, a la radio, al copiloto(a), exceso de confianza, temeridad, condiciones del vehículo, velocidad, estado de las vías, [des]conocimiento del reglamento de tránsito, señalización adecuada (bueno, si ‘Pepe el vivo’ las respeta porque ‘no hay policía que me vea’ ‑cuando el policía debía estar dentro nuestro), estilos de conducta en contextos de tráfico en relación a las variables: edad cronológica; estado civil; grado de instrucción; lugar de procedencia; pertenencia del vehículo; la conducción como ocupación principal; tiempo en la conducción; accidentes de tránsito; papeletas recibidas por infracciones; problemas de salud; problemas auditivos; problemas de motricidad; problemas familiares y problemas emocionales, entre otros. Nos damos cuenta que hay fallos activos (errores y violaciones, actos inseguros que tienen un impacto directo y son cometidos por los trabajadores que operan el ‘sistema’), y condiciones latentes (resultado de decisiones de los diseñadores y gerentes, las que se expresan en las condiciones del entorno, la política y cultura organizacional; influyendo así el desempeño de los trabajadores). Listo, introduje la palabra ‘sistema’ así que no nos salvamos y aplicamos el caso a las TIC. El verdadero problema son las herramientas y los procesos que no impiden (o al menos emiten advertencias sobre) los errores inevitables que la gente hace, o la falta de automatización que significa, en primer lugar, que alguien está haciendo una labor manual –posiblemente propensa a errores y con errores en la fuente. Por ejemplo, podría haber carencia u obsolescencia de documentación, procesos, procedimientos; tal vez exista un desconocimiento del ecosistema tecnológico en la empresa; podría no existir o ser inadecuado o estar mal programado el monitoreo, control, supervisión; podría no haber auditoría interna de seguimiento o ser aceptados y trabajados sus resultados; podrían no darse de manera oportuna y completa, o no sustentarse apropiadamente las inversiones necesarias desde el punto de vista del valor para el negocio; entre otros factores de consideración.

Tengamos presente que los errores podrían ser tolerados, pero no el ocultarlos o encubrirlos. Entendamos que hay valor en invertir en el desarrollo y el fomento de una cultura en la que los colegas reconozcan errores y errores de juicio, y apoyarlos para que reporten aquellas cosas que casi originaron una falla. Tratar la TI y la seguridad como un servicio del negocio en lugar de un punto de control ayuda a crear ese tipo de cultura.

No olvidemos la deuda técnica -el costo y los intereses a pagar por hacer mal las cosas (presión en el cronograma, escasez o carencia de recursos apropiados o suficientes, entre otros factores, que obligan a saltarse pasos [o funcionalidad]) –y que no se ven desde fuera, pero causan daño dentro –no nos engañemos con la falacia del “costo hundido”. La famosa filosofía “si funciona, no lo toques”, puede ser un grave error. La modernización tecnológica (de los activos críticos del servicio) y su seguridad ([in]cumplimiento, riesgos para el negocio si el activo se ve comprometido) es algo mandatorio en estos tiempos; sin embargo, es necesario planificar esta modernización.

Recordemos que la información resultante debe transparentarse, difundirse, utilizarse, proactivamente. Evitemos reinventar la rueda. Avancemos. Contribuyamos con el conocimiento. ¿Somos lo suficientemente maduros verdad? Se nos mide por lo que hacemos, no por lo que decimos que hacemos.

Algunas ‘mejores prácticas’ de TI para el fracaso –y algunas ‘mejores prácticas’ para evitarlo

Así es, una mejor práctica no es una receta de cocina. La preparación que hagamos de un ‘platillo’ y su resultado depende de muchos factores referidos a las herramientas, nosotros mismos como çocineros’, de los ‘comensales’ y su entorno.

Una real mejor práctica es considerar la preparación del ‘platillo’ para garantizar su resultado. Así, intervienen el ecosistema tecnológico en operación –moderno, vigente, legacy, integrado, interconectado- plataforma tecnológica e infraestructura de soporte, la cantidad necesaria de especialistas con el perfil apropiado, la experiencia, competencias (conocimientos, aptitudes, actitudes), orientación técnica o de gestión, requisitos del negocio, apetito de riesgo, intereses personales, los recursos para la producción del servicio (en adición al ecosistema tecnológico y el personal de apoyo, se necesita información, aplicaciones, recursos financieros) y capacidades para asegurar el rendimiento esperado (modelo de gestión, organización implementada, procesos establecidos, conocimiento gestionado), ambos activos de servicio necesarios para entregar el servicio con el valor esperado (con la utilidad y la garantía de rendimiento esperada), aparte claro del presupuesto, coyuntura socio-económica, entorno regulatorio y legal, mercado (cultura, exigencias, demografía, restricciones, gobierno, importación/exportación).

Estamos propensos a decir sí o no a todo y esto varia como buena práctica de acuerdo a la cultura y clima organizacional, buscando no quedar mal –aunque esto es lo que ocurre al no cumplir si accedemos o no entregar si era posible y alguien después nos lo hizo ver.

Una real buena práctica es explicar qué debe hacer para satisfacer las solicitudes, luego de realizar el análisis previo correspondiente. Lo que sigue será una conversación más que una excusa.

Tampoco es una buena práctica blandir que se cumple con el acuerdo de nivel de servicio (SLA) aceptado por el cliente, o con el nivel de servicio organizacional (OLA) requerido y comprometido por las áreas internas de la empresa, cuando es evidente la existencia de reclamaciones al respecto, y tratamos de minimizar el impacto haciendo bromas a costa de clientes, usuarios –o peor, de nuestro soporte- ‘inexperto’. Puede haber un contrato en ambos casos, pero no es bueno mantener las relaciones a distancia.

Una real buena práctica es identificar y enfrentar cambios –incluso sustanciales, investiguemos con transparencia. Recuerde que las relaciones requieren confianza, que la confianza no sucede a menos que reconozca a los colegas y clientes como personas reales que, si les gusta, trabajarán con usted para arreglar lo que falla y que el propósito de los contratos no es definir las relaciones -es definir lo que sucede cuando no hay confianza y algo va seriamente mal.

Tomamos como buena práctica poner nombre a nuestros proyectos, desde hace poco incluso, no siempre ha sido así. Pero esta buena práctica de la dirección de proyectos la utilizamos para nombrar el proyecto como una implementación de software (y nos preocupamos de que el producto software funcione) y no como los resultados esperados por el negocio (no establecemos los requisitos y criterios de validación necesarios para el entregable). El trabajo de TI se realiza cuando el software satisface los requisitos y cumple con las especificaciones –se ha hecho el aseguramiento y control de calidad apropiados al producto software, su verificación. Entonces sabemos quién es culpable de no alcanzar los resultados esperados por el negocio ¿verdad?

Una real buena práctica implica identificar al real sponsor del proyecto. Me refiero no al que ha sido nombrado (otra ‘buena práctica’), sino al que le interesa el éxito del proyecto porque su reputación está en juego y actúa en beneficio del negocio, y no asume el encargo sólo por intereses personales. Otra es designar correctamente a alguien realmente encargado de realizar las validaciones oportunas, correctas y apropiadas.

Insistir en un retorno de inversión de la plataforma actual al instaurar la buena práctica del gobierno de TI es también una perjudicial para los proyectos donde la tecnología puede ayudar a los departamentos de negocios a ofrecer mejores resultados más rápido, o para aquellos proyectos que buscan ayudar a impulsar la satisfacción del cliente.

No podemos discutir que estos proyectos son críticos, por lo que una real buena práctica es que se necesita establecer correctamente los casos de negocio oportunos, necesarios y apropiados, y la organización debe implementar los cambios que sean identificados con prontitud.

El aumento de la eficacia de la misión y la eficiencia operativa son beneficios clave que se pueden lograr con el cloud computing. Recordemos la definición del NIST. Pero aplicar una estrategia al respecto es otra cosa, considerando por supuesto la seguridad en la nube. Tomamos como buena práctica la mera adopción de una solución comercial enfocada en IaaS, PaaS o SaaS. Sí hay orientaciones al respecto, pero dependerá de cada organización su definición y el éxito de su implementación ya que se deberá mantener las evaluaciones tecnológicas y las inversiones alineadas con las estrategias empresariales. Es una buena práctica reutilizar el recurso humano (exigirle más, por decirlo amablemente), pero debemos considerar que, probablemente, se requiera una reorganización de la organización de TI para ofrecer mayor agilidad empresarial y soporte a iniciativas empresariales clave.

Es una real buena práctica recordar que el ser humano es adaptable pero no es una máquina multitarea y tiene dignidad. Entonces conviene planificar –una buena práctica que muchas veces olvidamos por las presiones del mercado. Una buena planificación es muy importante porque en ella establecemos roles, responsabilidades, alcance del modelo de despliegue y servicios a emplear o entregar, controles, aspectos de diseño y de operación (que seguramente será necesario afinar), cumplimiento regulatorio y legal, integración de tecnología legacy con la nueva, cargas de trabajo, procesos establecidos, exposición al riesgo o apetito de riesgo, sponsor (real), ámbito de influencia, gobernabilidad, plazos, presupuestos, valor real para el negocio considerando las inversiones con base en su estrategia de negocio digital, entre otros muchos factores a considerar.  Otra real buena práctica es que todos los proyectos que se lancen deberían estar totalmente equipados, con “personal completo”, lo que significa que el proyecto nunca esperará a que un miembro del equipo esté disponible para trabajar en él.

Una buena práctica es emplear métodos ágiles, pero el pretender combinarla con la premisa de abaratar costos ya no lo es. La combinación es factible pero complicada en su control y gestión, y hasta contraproducente en cuanto a resultados esperados. Esto sólo si hablamos de contar con recursos y capacidades internas al país (on-shore); sin hablar de los recursos y capacidades que podrían verse interesantes fuera del país (off-shore).

Una real buena práctica es realizar una apropiada planificación tras reconocer que están implicados diferentes aspectos, no sólo el costo del recurso humano con el perfil adecuado, sino los costos de la tecnología a emplear y los mecanismos de seguridad necesarios, así como aspectos de locación, demográficos, culturares, idiomáticos, entre muchos otros.

13 fuerzas que dan forma al futuro de la TI

La tecnología siempre nos sorprende, ya sea por sus saltos cuánticos (en China, en cifrado de datos, memoria, nanotecnología) o, al menos, por una constante evolución y socialización (desde las primeras herramientas de la Edad de Piedra, hasta las supercomputadoras de hoy). La fuerza impulsora es variada, desde la supervivencia hasta más allá del mero conocimiento o descubrimiento, pasando por guerras y riquezas.

Con respecto a las tecnologías de la información, las fuerzas son varias. En ese sentido apoyan las nuevas formas del Centro de Datos, el empleo de la computación social (redes sociales), de nuevos dispositivos (smartphones, superficies inteligentes, IP-TV, 3D) o formas de trabajo (BYOD seguras), o de nuevas formas de lugar de trabajo (autenticidad, transparencia, confianza, cultura, cambios demográficos, virtual, entre algunas formas).

Algunas ya son conocidas. Tenemos, por ejemplo, (1) automatización de las tareas comunes (pero controladas), que decanta en (2) velocidad para tomar decisiones y desarrollar estrategias que tengan un impacto directo en el negocio, (3) agilidad entre departamentos estableciendo habilidades blandas y colaboración eficiente, y (4) flexibilidad requerida para hacer frente a la competitividad globalizada  y siempre cambiante de nuestro mundo actual (coyuntura, mercado, gustos, preferencias, servicios, entre otros factores a considerar), que genera una (5) hipercompetición la cual conduce a acuerdos de menor costo en el mercado de compradores de servicios TI, siendo la amenaza real la sostenibilidad de estos acuerdos, la (6) consumerización porque el comportamiento de los consumidores tiene el poder de redefinir el modo en que las empresas de TI trabajan, sin olvidar que todo eso acarrea problemas de (7) seguridad y privacidad, tanto en la identificación de los agujeros en la seguridad como en la búsqueda de talento para hacerles frente, y la necesidad de que el (8) gasto en TI esté más gobernado que antes.

Otras son innovadoras en su planteamiento. Tenemos, por ejemplo, una mayor (9) colaboración entre TI y otras unidades de negocio, además que la nube proporciona más opciones que antes (controlando aspectos de nivel de servicio, seguridad en la transmisión y almacenamiento de datos, localización de datos, entre otros a considerar), siendo su utilización muchas veces resultado de decisiones estratégicas y tácticas para la tecnología impulsadas por las unidades de negocio no-TI, o la creación de una (10) simbiosis entre la automatización, que provee los datos suficientes y patrones repetibles, y la inteligencia artificial para impulsar el proceso, de modo que, considerando (11) la información correcta, en el momento y lugar adecuados (ubicuidad de la información), se podría acelerar el desarrollo y la puesta en marcha de nuevos servicios.

Otras son resultado de la (12) acumulación de datos, y la necesidad inherente de aplicar (13) analítica. No perdamos de vista que los servicios financieros también serán alterados radicalmente –no sólo por el ransomware, lo que acarreará también mayores innovaciones en las TI.

22 maneras de lograr reuniones más productivas -y seguras

22 maneras de lograr que las reuniones sean más productivas -y seguras

Para los no expertos, u olvidadizos, conviene recordarlas –aunque no sean las únicas. No olvidemos, sin embargo, la seguridad de la información.

El objetivo de toda reunión es lograr algo –ideas, avanzar en los proyectos, resolver problemas, mejorar servicios, entre otros. Buscamos un efecto positivo en la moral de los colaboradores, así como en el rendimiento del equipo y de la organización. Los líderes dirigen reuniones para hacer el trabajo.

Las reuniones pueden ser realmente productivas, de calidad, si contamos con las herramientas de colaboración adecuadas y configuradas apropiadamente para reducir las fallas de seguridad de las aplicaciones, y así evitar que los datos de toda la organización sean vulnerables (utilizando cifrado de datos, contraseñas seguras, evitar descargas automáticas, entre otras medidas) y, lo que es más importante, la mentalidad correcta, con la capacitación apropiada en cuanto a seguridad de la información.

La colaboración es una habilidad muy personal, y cada uno de nosotros trabaja de manera diferente (consideremos la generación en que nacimos), usamos herramientas diferentes –lo que crea problemas de seguridad de la información.

Unos prefieren una videoconferencia sobre una llamada telefónica o comunicación vía WhatsApp; otros prefieren utilizar el chat o el correo electrónico (cuidando la netiquette -reglas de convivencia/etiqueta en la red) para intercambiar archivos, por ejemplo; otros, el teletrabajo; otros utilizar sus propios dispositivos de comunicación (BYOD), buscando siempre movilidad (y asegurar que esa movilidad no comprometa la seguridad); por ejemplo. Como vemos, aparecen muchos riesgos de seguridad.

Con respecto a las reuniones, debemos considerar, entre otras cosas, pero no limitadas a, las siguientes:

  1. Determinar la necesidad de la reunión que se convoca. ¿No podemos obtener los mismos resultados mediante una llamada telefónica o un correo electrónico, por ejemplo?
  2. Designar el facilitador. Conviene un líder que puede reforzar las grandes ideas articuladas en la reunión, ayudar a una discusión positiva y asignar actividades de seguimiento.
  3. El objetivo de la reunión (por qué necesitamos reunirnos, qué ha ocurrido que demanda reunirnos). Las reuniones más eficaces son aquellas donde los objetivos son claros (enfocados, accionables/realizables con autorizaciones y recursos, oportunos). Este tipo de reuniones son las que generan un impacto positivo en el negocio, sobre las medidas de productividad, innovación y cuota de mercado.
  4. Programar una agenda pensando en tareas y no en tópicos ayuda, estableciendo a priori el tiempo que invertiremos en cada tarea propuesta (tiempo sincerado en relación con el alcance del trabajo que se espera completar de dicha tarea), y estableciendo la persona directamente responsable a cada tarea. ¿Serán suficientes 30 minutos en total?, considerando lo anterior o, como dicen, menos es mejor, si contamos con alguna estadística interna.
  5. La sensibilidad de la información que se tratará, las herramientas que se utilizarán, y los medios que se emplearán, todo antes, durante y después de la reunión. Necesitamos identificar los mecanismos de seguridad que serán empleados en cada caso, por todos los participantes, directos e indirectos (asesores internos y externos, asistentes, entre otros).
  6. Anticipar reacciones fuertes o negativas durante la reunión –considerando los posibles participantes, y condiciones que originan la necesidad de reunirse. El silencio podría ser considerada una reacción fuerte –y debemos aprender a tolerarlo. Tal vez una retroalimentación utilizando herramientas colaborativas puede ser útil, para evitar una relación ‘cara a cara’ que podría tomar tiempo.
  7. La zona horaria en que se encuentran los posibles participantes –o la posible situación a tratar, para realizar la convocatoria en SU horario, no el nuestro. Se supone que, aunque lejanos, hemos mantenido el contacto siempre ¿verdad?
  8. El mejor horario para agendar las reuniones y evitar distracciones ¿de martes a jueves tal vez? (luego que las cosas ocurridas el fin de semana han sido resueltas, y antes de los preparativos del siguiente fin de semana) ¿entre las 09:00 y las 11:00 horas? (después del desayuno y antes de la hora del almuerzo) ¿o entre las 14:00 y las 16:00 horas? (después del almuerzo y antes de la hora de salida) Cada organización tiene –y mantiene- sus tiempos en que se encuentran más alertas.
  9. Con qué información necesitamos contar -antes de la reunión para ser difundida y trabajada por los asistentes con anticipación.
  10. Asegurar la puntualidad (de inicio y de fin), un factor de respeto en equipos de trabajo –y además porque todos andamos muy ocupados ¿verdad? ¿Ofrecemos premios a los puntuales y castigo para los tardones? O nos basamos en la ética y respeto mutuo.
  11. Debemos establecer expectativas claras para la participación. Debe quedar claro lo que realizaremos (trabajar algo, coordinar algo, decidir sobre algo –aunque hay cosas que no pueden esperar a las reuniones); así, los participantes pueden expresar responsabilidad personal por una determinada acción. Si utilizamos una reunión para informar algo, que sea realmente crítico, o buscar emplear otros medios. Bueno, depende de la cultura organizacional.
  12. Tener en claro la información que necesitamos obtener, como resultado de la reunión. Esto implica una gestión de conocimiento.
  13. Identificar o programar con tiempo el tipo de reunión que sostendremos (presencial, remota/virtual), asegurando que todos los participantes contemos con lo necesario en cada caso y con la debida anticipación. No olvidemos repasar la “tarea” de la última reunión. Cuánta anticipación dependerá, dirán muchos, de la urgencia, sin considerar el trabajo previo a realizar, cuya calidad no estará garantizada.
  14. Convocar a las personas en la correcta cantidad (cuantos menos sean, mejor), con la adecuada competencia y experiencia, cantidad y nivel de información requerida, nivel de responsabilidad y autoridad para asignar y designar recursos, y a los que necesiten los resultados de la reunión. En otras palabras, convocar a los esenciales.
  15. La preparación previa que requiramos, como conocer la presentación que haremos para no leer las presentaciones y aburrir a los participantes, conocer a quién nos dirigimos, conocer cuáles son sus intereses, conocer el balance de su poder e influencia, entre otros aspectos.
  16. La comodidad del lugar (ubicación, sonoridad, control ambiental, espacio personal, tamaño del lugar, mobiliario apropiado y en buenas condiciones – ¿una mesa redonda tal vez?, iluminación, disponibilidad y acceso a los servicios, entre otros aspectos). Tal vez convenga realizar una determinada reunión fuera del salón de clase (la sala de reuniones habitual), especialmente si son pocos participantes. Igual, dependerá de la cultura organizacional y, quizá, también, de lo que se vaya a tratar.
  17. La herramienta a emplear –incluso utilizar algunas que hasta hace un tiempo podrían no haber sido autorizadas en la empresa, pero que ahora son necesarias para “mantenerse on-line” (fuera del lugar de trabajo, en cualquier sitio, y a toda hora).
  18. El medio a emplear (video conferencia, audio conferencia, por ejemplo), y no olvidemos antes y durante la reunión a aquellos que asisten de forma virtual –también son participantes.
  19. Asegurar, por supuesto, que no haya distracciones al utilizar dispositivos personales y otra agenda personal (realizando trabajos que no tienen relación con el propósito de la reunión, generando distracción y, por tanto, retrasos). Utilicemos las herramientas que realmente necesitemos, apaguemos lo demás, por respeto a los participantes.
  20. Cómo lograr no ser el único que habla (no estamos dando una disertación) –cuidemos el ego. Recordemos que la participación es lo que hace una reunión ya que tienen la oportunidad de proporcionar otras perspectivas sobre la tarea a realizarse, a hacer que las ideas fluyan. Todos tenemos derecho a defender nuestras ideas y a trabajar a partir de la crítica honesta -y constructiva por supuesto.
  21. Cómo hacemos para permanecer en el tema porque, puede ser inevitable que existan desvíos, por la cultura organizacional o de los propios participantes o interés de alguno de los participantes. Por ejemplo, si la conversación está saliendo del tema, lideremos el asunto (re-enfoquemos la reunión, el punto tratado), no tengamos miedo de intervenir y traer la conversación de nuevo a los temas descritos, y registremos todos los puntos relevantes planteados para una futura discusión.
  22. No olvidar recapitular al final de la reunión lo trabajado, los acuerdos (compromisos) tomados (las fechas objetivo concretas, los siguientes pasos, las tareas a ejecutar), de registrar todo convenientemente, y de realizar el seguimiento correspondiente (hecho de una manera que promueve la reflexión y el aprendizaje, y minimice las reacciones defensivas), previa difusión de lo realizado para que todos sepan que se hará con las decisiones tomadas.

Muchos de nosotros sabemos lo difícil que es hacer nuestro mejor trabajo y permanecer comprometidos con los resultados mutuos en un ambiente donde las reuniones no nos comprometen a aportar nuestras mejores ideas de manera eficiente y efectiva. Nadie desea críticas, reclamos, quejas, echar la culpa, aburrimiento o pensar que hemos malgastado nuestro valioso tiempo o el de nuestros colaboradores, y peor si hemos tenido que desplazarnos para nada.

Una vez que se hayan establecido estándares para reuniones eficientes, eficaces y entretenidas, su equipo seguirá [los estándares] – y las reuniones pueden comenzar a ser la mejor parte de su día de trabajo.

¿Algo que agregar o mejorar?

Bueno, hemos visto bastante sobre cómo realizar reuniones efectivas y planteando un esquema de seguridad en ellas.

Con respecto a la seguridad de la información antes, durante, y después de estas reuniones, cabe considerar, entre otras cosas, pero no limitadas a, las siguientes:

  1. Si la cultura organizacional interviene, ¿dónde queda la política de seguridad de la empresa?
  2. El asunto se complica si consideramos a los terceros en esto – ¿podremos hacer que se sujeten a nuestras reglas/políticas de seguridad o utilicen nuestras herramientas? ¿qué opinan?
  3. ¿Qué opciones tecnológicas podríamos ofrecer –o necesitamos implementar en adición- en estos casos?
  4. ¿Requeriremos (y podremos lograr) una transformación digital?
  5. ¿Cuáles serían las nuevas restricciones?
  6. ¿Propondremos herramientas en la nube –incluidas las redes sociales?
  7. ¿Qué protección brindaríamos y cómo mantendremos la seguridad si utilizamos la nube o redes sociales –y la sincronización de la información para evitar ‘malos entendidos’ o ‘desfase’, o excusas similares?
  8. ¿Qué políticas, normas o procedimientos nuevos estableceremos –o cómo afinamos, agilizamos, flexibilizamos lo existente?
  9. ¿Qué pasa con los cuidados que los propios usuarios debemos tener presente durante el uso de los servicios en nube o de redes sociales, como por ejemplo, a quién entregamos nuestro número de teléfono o correo electrónico?
  10. ¿Qué hay sobre los dispositivos o componentes que dejamos de lado en favor de los nuevos (independiente del motivo del reemplazo)? ¿Tenemos como norma adoptada y accionable destruirlos o borrar su contenido?
  11. Si utilizamos esquemas de comunicación como teletrabajo, ¿cómo garantizamos la identidad del interlocutor? ¿Cómo garantizamos la confidencialidad de la información tratada?
  12. ¿Deberá ser necesaria la firma de acuerdos de confidencialidad?
  13. ¿Podremos controlar que no se utilicen dispositivos (personales o provistos por la empresa) que hayan sido objeto de rooting, jailbreaking u obteniendo de otro modo acceso privilegiado al dispositivo?

En general, no sólo se trata de crear una ilusión de seguridad, es necesario medir la efectividad del esfuerzo. Queda abierto el debate.

Cómo la organización necesita capacitar a sus colaboradores en ciberseguridad

Las encuestas seguramente mostrarán que los trabajadores siguen violando las políticas de seguridad para seguir siendo productivos.

Las amenazas de información modernas vienen en muchas formas: de los hackers que buscan robar propiedad intelectual a los empleados inconscientes que no saben que están poniendo los datos en riesgo.

Cierto, los seres humanos somos el eslabón más débil –hasta que los hacemos un activo fuerte.

[Sin duda] la empresa capacita a sus colaboradores de acuerdo con su política de seguridad para inculcarles el papel crítico que desempeñan en mantener su lugar de trabajo seguro mediante una vigilancia más estrecha para proteger contraseñas personales y datos confidenciales, y en reconocer las amenazas (¿ransomware por ejemplo?).

Toquemos el punto de la capacitación y preguntémonos:

  • ¿cómo realizamos estas capacitaciones? Por ejemplo, en línea o presencial, otras formas
  • ¿en dónde realizamos estas capacitaciones? Por ejemplo, en un local especialmente acondicionado (interno o interno a la organización), en la oficina del jefe inmediato, en el módulo de trabajo del colaborador al cual reemplazará o con el cual trabajará, otros
  • ¿en qué oportunidades realizamos esta capacitación? Por ejemplo, el primer día/semana/mes de labores, tan pronto o luego que el colaborador ha ingresado, o antes que el colaborador se integre formalmente a la empresa, agrupamos los colaboradores ingresantes en un periodo determinado, una vez al año, por pedido expreso, por necesidad evidente [una re-capacitación por ‘afianzamiento’ tal vez], otras opciones
  • ¿cuál es el propósito de la capacitación? Por ejemplo, una inducción, la que esperamos no sea sólo de seguridad ocupacional, difundir la política institucional, difundir la política de seguridad, aclarar el acuerdo de confidencialidad que el colaborador firmará al ingresar a laborar y que le será recordado por el área competente al retirarse de la empresa, otros
  • ¿mantenemos un registro de las capacitaciones realizadas? Por ejemplo, en archivo texto, hoja de cálculo, archivos personales, base de datos, otros, y consideramos también las evaluaciones de entrada y de salida, tanto de colaboradores como de capacitadores
  • ¿cómo aseguramos la asistencia? Por ejemplo, por disposición normativa, coordinación con el jefe inmediato, obligación contractual, amenaza a la continuidad laboral por incumplimiento, otros
  • ¿cómo controlamos la asistencia y entrega/accedo al material correspondiente? Por ejemplo, identificación de la computadora desde donde realizamos la capacitación [dirección IP, nombre de máquina], identificación del usuario que ingresa al módulo en línea de capacitación, presencial con un supervisor, listado actualizado de participantes, otros
  • ¿mantenemos un historial de estas capacitaciones por cada colaborador? Por ejemplo, para emplearlas como insumo de la evaluación semestral o anual
  • ¿de qué manera aseguramos el resultado esperado –y continuo- de esta capacitación? Por ejemplo, evaluaciones inopinadas periódicas con registro de resultados en el archivo personal, resultados tangibles [objetivos] de labores realizadas registrados en el archivo personal, otros
  • ¿por qué realizamos estas capacitaciones? Por ejemplo, por mero cumplimiento normativo, porque así lo pidió el jefe [actual], o porque la empresa realmente ha interiorizado la necesidad, entre otros
  • Seguramente tenemos algunas otras inquietudes. Compártanlas por favor, en beneficio de todos.

Démonos cuenta [si aún no lo hemos hecho] de que la seguridad es un facilitador.

Crear una cultura de seguridad en una empresa puede ser complicado. En la organización la cultura implica una balanceada intersección entre personas y organización –es lo que hace únicas a las empresas, afecta la forma en que implementamos las cosas y lo que tiene sentido en el ecosistema de la organización.

En este ecosistema, los profesionales de la seguridad de la información debemos darnos cuenta que hemos evolucionado de siempre ser vistos como meramente tecnólogos, a gente de proceso, a ser verdaderamente un socio comercial y profesional de negocios -me incluyo ¿te incluyes?

En aras de afianzar esta cultura de ciberseguridad, por ejemplo, nada como ser transparente en qué estamos haciendo y cómo lo estamos haciendo los profesionales de la seguridad de la información, y explicarlo en el lenguaje del negocio -¿de qué manera lo haces tú?

Pero, también es obvio que la organización debe evolucionar, debe buscar un equilibrio entre proteger los datos y capacitar a los colaboradores para que sean productivos (no olvidemos la triada procesos-personas-tecnología), incorporando los altos ejecutivos del negocio en este esfuerzo de capacitación para que entiendan a cabalidad [y con esfuerzo y tiempo, también interioricen que no es sólo responsabilidad del departamento de TI] los requerimientos y necesidades de ciberseguridad [algo que ya no se puede ignorar].

La organización busca protegerse contra el mal comportamiento del usuario final, amenazas de día cero, sitios Web comprometidos y hacks entre equipos de escritorio y entre equipos de escritorio y servidores, seguramente empleará para esto alguna herramienta especializada (¿secure desktop as a serviceSDaaS?).

Bastante se ha hablado también que no es una cuestión de si vamos a ser atacados [o que vaya a violar nuestra seguridad], es una cuestión de cuándo esto ocurrirá, y que debemos estar preparados.

El problema seguramente es cómo lograr que tanto la organización como los colaboradores interioricen esta necesidad y objetivo –de manera continua porque, recordemos que la seguridad es un proceso, no un producto.

¿Cómo pueden las compañías asegurarse de que sus políticas y procesos de seguridad estén al día con las amenazas modernas? Una política de seguridad clara y bien entendida sería un inicio. Una sensibilización y formación [en contraposición (o complemento tal vez) a una capacitación] apropiadas, seguidas de las auditorias correspondientes, serian también aconsejables. El tipo de sensibilización [compromiso e interiorización posterior] que logremos en estos programas de formación es la clave. Enfrentamos entonces el cómo, cuándo, con qué, quién, para qué, formamos y hay un desafío en el contenido y orientación de la formación.

Como estado, es evidente que hay bastante más que hacer. Los esfuerzos de PCM-ONGEI podrían no ser suficientes y están lejos de ser completos.

En el ámbito educativo, algunas universidades contemplan carreras de ingeniería que incluyen cursos de ciberseguridad en su currículo, y otras ofrecen carreras especificas relacionadas con la seguridad informática; sin embargo, este interés en la seguridad de la información se centra aún –erróneamente- en carreras de ingeniería relacionadas con las tecnologías de la información.

Las certificaciones ayudan, pero, a pesar que hay un gran número de ellas, podrían no ser suficientes [en el tiempo] o apropiadas [orientación, alcance] para todo tipo de organización [deberemos tener en cuenta sus prioridades, objetivos y metas estratégicas, sus impulsores de valor].

Seis factores críticos para crear una mejor estrategia de seguridad de TI

¿Qué necesitamos para establecer una hoja de ruta funcional de la seguridad de las TI de la empresa?

Recordemos que un solo tipo y un solo nivel de seguridad de la información podría no ser suficiente para una determinada organización. ¿Qué modelo de defensa en profundidad adoptaría, de entre los varios que existen? Tampoco debemos olvidar la estrategia a seguir si ocurriera alguna brecha en esta seguridad de la información.

Pero, debemos empezar, y lo hacemos de la siguiente manera:

  1. Identificar, clasificar, y etiquetar los recursos, los activos de información, considerando su importancia –o implicancia en los procesos de la organización, ya sean estos recursos físicos o virtuales, tangibles o intangibles.

Debemos responder con certeza el por qué debo considerarlos.

¿Convendría que los mismos sistemas que se han puesto en marcha se actualicen automáticamente en una base de datos ad-hoc a medida que cambia el inventario de recursos?

Las organizaciones deben tener pleno conocimiento de lo que tienen, valorar lo que tienen y lo que no pueden permitirse perder, además de crear un plan integral para proteger estos activos críticos.

Tendríamos, entonces, que pensar en un conjunto automatizado de herramientas para rastrear y clasificar los recursos.

  1. Proteger el acceso a los recursos, tratarlos conforme a su clasificación y prioridad establecida, de acuerdo a su impacto en el negocio (las consecuencias).

Claro, tenemos que sincerar el cómo realizaremos la protección para lo cual seguramente necesitaremos realizar primero un análisis de brecha. ¿Hemos realizado nuestro FODA?

Consideremos las nuevas tendencias para crear valor de TI, e incluso de los usuarios al emplear la tecnología como shadow IT o BYOD.

Tendríamos, entonces, que establecer una línea base correcta y sincerada –de todo, sin olvidar o menospreciar los recursos y capacidades existentes, desde el punto de vista del valor que se espera del servicio de TI.

El intercambio de información –correcta, completa, contextual, oportuna, clara- se vuelve crítico.

  1. Detectar amenazas y ataques, considerando el triángulo procesospersonas-tecnología, identificando riesgos en las operaciones que es donde se provee el valor de un servicio.

Tendríamos, entonces, que entender y asegurar que todos en la organización tengan claro que la detección de amenazas (un sospechoso siguiéndote a tu casa –bueno, tal vez una amenaza algo más sofisticada, especializada, escalable -¿que afecte la privacidad?, ¿porque el enemigo está adentro?), detección de vulnerabilidades (una ventana abierta –situación que se advierte con un escaneo de vulnerabilidades [y no debemos remitirnos solamente al perímetro]), y detección de ataques (el sospechoso metiéndose a tu casa por la ventana abierta) son tres cosas distintas.

De hecho, es crucial el dominio del tema, la provisión de la tecnología apropiada, y hacer y dejar hacer.

¿Recordamos los honeypot? De repente ya hemos sido víctimas de un hacker y aún no lo sabemos.

  1. Responder a las amenazas y ataques, considerando que posiblemente requiramos apoyo externo o una mayor capacitación y experiencia internas.

¿Cuáles serían las estrategias que adoptaríamos?

Tendríamos, entonces, que tomar medidas proactivas sobre un riesgo identificado y preparar las reactivas (de acción inmediata ante la ocurrencia del evento) –evitando acciones bomberiles.

Las medidas proactivas deberían ser pensadas, planeadas, diseñadas, implementadas, probadas, afinadas, y con responsabilidad asignada, con recursos y capacidades presupuestados, que den cumplimiento a normas internas y/o legales, que busquen evitar deudas, multas, pagos no presupuestados, litigios, pérdida de confianza y clientes, daños a la reputación y pérdida de confianza de las partes interesadas, publicidad negativa y pérdida de activos, entre otros aspectos negativos.

Es decir, una verdadera proactividad en una empresa con alto nivel de madurez, que está preparada para el cambio.

Realizar lo importante para evitar [en lo posible] las emergencias –o, al menos, reducir su frecuencia o impacto.

Ciertamente el error humano sigue siendo una amenaza para la seguridad, pero si trabajamos la cultura organizacional seguramente podremos compensar algunos riesgos de seguridad y privacidad de la información empresarial –los internos a la organización, por lo menos, concientizar al usuario.

  1. Es claro entonces que la educación en ciberseguridad debe ser parte integral de la cultura del lugar de trabajo, es hacer que la ciberseguridad sea tarea de todos. Sabemos que esta educación en ciberseguridad no significa asistir a un [solo] curso o seminario –por único que sea en su género, significa hacer de la seguridad una iniciativa cultural colaborativa y continua.

Es ayudar a todos en la empresa a comprender que los ciber delincuentes representan una amenaza no sólo para la empresa, sino también para ellos y sus familias, también (filtración de datos personales, por ejemplo, y las posibles amenazas que esto conlleva).

Sin embargo, cuando ocurra una brecha de seguridad, evitemos actitudes incorrectas en un líder o equipo de infosec porque pueden resultar en una peor violación de privacidad / seguridad y en una afectación negativa a la moral y motivación en el entorno laboral –lo que, potencialmente, podría conducir a la aparición de más riesgos o a elevar la graduación de los existentes.

La importancia de tener una actitud positiva y fuerte de seguridad y privacidad es tal que tanto los líderes como los empleados deben ver la privacidad como un valor que desean experimentar, promover, proteger y formar.

  1. Mejorar la analítica (para una mejora continua de todo el proceso).

Tendríamos, entonces, que realizar una labor analítica de predicción, porque nos dice dónde reforzar la protección –un poco de inteligencia de negocio siempre ayuda. Lo que implica un estado de cambio constante en los servicios y su gestión, lo que implica además gestionar proyectos.

Todo lo anterior es una tarea realizada de forma periódica (¿una auditoría particular o integrada?) o por demanda del mercado (¿tal vez necesidad?), siempre en evolución (nuevos hallazgos de día-cero, ahora además con la IoT –agregamos complejidad a lo complicado), un espacio, una oportunidad para mejorar.

Sigamos el ciclo de Deming, de mejora continua.

Tengamos presente que hemos pasado de un modelo donde se hacía hacking por diversión o fama, a la ciberguerra propiamente dicha, con objetivos claros y concretos, como destrucción, negación de un servicio, destruir la imagen de una empresa, incluso de monetizar la información obtenida.

 

Cómo crear un plan contra violación de datos en 9 pasos

Cómo crear un plan contra violación de datos en 9 pasos

Primero tengamos presente que se pueden considerar varios escenarios posibles en un plan contra violación de datos.

Esto porque no podemos anticiparnos a todas las situaciones posibles en que un determinado hackeo se puede desarrollar, y aun así este plan debe ser flexible, como un planeamiento para la recuperación de desastres y planificación de continuidad de negocio (la colaboración en lugar del aislamiento) –y veremos que es muy parecido. Interesante, varios proyectos pueden salir de este esfuerzo.

De hecho, conviene realizar un análisis de los procesos de negocio y las necesidades de continuidad, sin olvidar las necesidades de seguridad de la información, algo que cada empresa debe emprender, y dependerán de los objetivos de la organización sobre el punto de recuperación (RPO) y el tiempo de recuperación (RTO).

Bueno, al grano –y con anticipación porque es importante, de modo que podamos reducir las urgencias o el riesgo durante las urgencias.

  1. Sabemos que debemos empezar con una evaluación de riesgos, para priorizar qué sistemas recuperar y restaurar primero (establecer los componentes esenciales –inventario de por medio del hardware necesario y del software requerido para restaurar la producción; los datos, su tipo y sensibilidad, almacenado/procesados/transportados haciendo uso de estos componentes) –porque ponernos a pensar durante la emergencia podría ser contraproducente. Conviene realizar un análisis de impacto sobre el negocio (BIA) para identificar los procesos críticos (con sus procedimientos por supuesto) y priorizarlos de acuerdo con su impacto en la organización.
  2. No olvidemos implementar controles preventivos (con sus procesos estandarizados, normalizados, documentados), como primer paso tras analizar las brechas, de seguridad de la información, y de recursos y capacidades existentes (financieros, organizacionales, de personal, competencias, experiencia, entre otros).
  3. Conviene establecer umbrales y adecuarlos a los niveles correspondientes de respuesta que hayamos establecido –o que podamos establecer, así como los criterios de evaluación correspondientes al tipo de datos que se verían comprometidos, con base en nuestros recursos y capacidades internos o los que podamos conseguir.
  4. Así como los médicos en la sala de urgencias seleccionan y clasifican a los pacientes para evaluar la prioridad de su atención de acuerdo con sus posibilidades de supervivencia y recursos disponibles, igual debemos realizarlo nosotros, determinando el alcance de ese impacto, cuáles son los sistemas más importantes (misión crítica) y datos (más importantes) y que, por lo tanto, necesitan atención en primer lugar, cómo aislar y proteger los datos (nivel de seguridad necesario para los datos y aplicaciones, ubicación), y cuánto tiempo se espera que dure la interrupción –antes de activar otros medios de continuidad.
  5. De hecho, debemos construir flexibilidad de modo que la empresa pueda responder de la manera que, coyunturalmente (no siempre contará con los recursos y capacidades suficientes o apropiados), le convenga (para no incurrir en problemas legales por incumplimiento con la ley de protección de datos personales, por ejemplo).
  6. Es muy importante establecer, difundir, y mantener vigente la matriz RACI correspondiente, y que ésta sea lo más granular posible, para asegurar que los roles, funciones, y responsabilidades (del personal clave tanto interno como externo, y de apoyo, considerando su disponibilidad y la capacidad de su ubicación oportuna) sobre un conjunto de actividades sean conocidas, claras, justas, entendidas, asumidas, adoptadas, interiorizadas, comprometidas, evitando una situación de juez y parte. Por ejemplo, habría que identificar las personas en la organización que tienen la autoridad para declarar un desastre y por ende, colocar el plan en efecto.
  7. No olvidemos detallar cuándo y cómo invertir en el equipo ejecutivo de gestión de crisis para que se cumplan los requisitos legales y normativos adecuados con respecto a las infracciones de datos. Las personas de relaciones públicas de la compañía pueden ayudar a informar adecuadamente a los clientes y consumidores.
  8. El negocio deberá establecer sistemas alternativos, como decidir cuál de las funciones de la organización son esenciales, y repartir el presupuesto disponible conforme a este criterio, o a establecer acciones manuales (considerando por supuesto la sensibilidad de los datos) que se disparan ante un evento, en la medida que sea posible lo que requeriría posiblemente un esfuerzo de capacitación adicional.
  9. Por supuesto, debemos ejecutar simulacros [lo más reales posibles] de eventos basados en tipos específicos de desastres [no idea, sino realidad], incluyendo brechas de seguridad. Así, la organización deberá proveer los recursos necesarios, establecer si necesita ayuda externa, planificar y programar los simulacros (al elefante nos lo comemos por tajadas), difundir su realización, establecer las estrategias de recuperación, diseñar los escenarios, priorizarlos, evaluar cada qué tiempo realizarlos y obtener la autorización del cuándo realizarlos (no vaya a ser que programemos una prueba justo cuando existe en el mismo día un evento crucial para la organización), cómo los va a realizar (la creación previa de plantillas de verificación ayuda a simplificar este proceso), afinar los planes y mantenerlos vigentes (como dijo Dwight ‘Ike’ Eisenhower, “el plan es nada, la planificación lo es todo”), entre otros factores.

¿Quién desea una TI Bimodal?

¿Quién desea una TI Bimodal?

Según Gartner, bimodal es la práctica de la gestión de dos estilos distintos pero coherentes de trabajo: uno centrado en la previsibilidad; la otra en la exploración.

Revisemos:

  • El Modo 1 (más gobierno, menos cambio) está optimizado para las áreas que son más predecibles y son bien entendidas. Lidiamos aquí con, pero no limitados a, estabilidad, robustez, estándares, planificación cuidadosa, cumplimiento, gobierno, riesgos, eficiencia, seguridad, precisión, disponibilidad, presupuestos, niveles de servicio y requisitos.
  • El Modo 2 (menos gobierno, más cambio) es exploratorio [pero requiere un enfoque riguroso y disciplinado -para que las cosas no se escapen de las manos], experimentando para resolver nuevos problemas, agilidad centrada en el tiempo de lanzamiento al mercado [velocidad], la rápida evolución de la aplicación y, en particular, la estrecha alineación con las unidades de negocio.

En la siguiente figura Gartner gráfica lo anterior:

Estas iniciativas a menudo comienzan con una hipótesis que se prueba y se adapta durante un proceso que implica iteraciones cortas, adoptando potencialmente un enfoque de producto viable mínimo (MVP) -experimentación.

Tengamos presente que un equipo de TI exploratorio no es fácil porque tienes que desafiar el pensamiento convencional [de las personas, claro], aceptar los riesgos [la empresa] y sentirte cómodo con un ritmo de cambio [motivación de todos] que es muy diferente de la forma actual en que opera TI.

Ninguna iniciativa es igual a otra, dadas las particularidades de cada negocio, mercado, o empresa. Cada empresa debe conocer su ecosistema, para adaptarse conforme convenga, e innovar rápidamente para responder a las amenazas y oportunidades.

Sabemos que, en el contexto empresarial, el estilo de trabajo, el modelo de decisión y la gobernanza, son los que hacen la diferencia; por tanto, cada empresa debe evaluar -a través de prueba y error- cómo enfrenta este paradigma, porque seguramente requerirá equipos multidisciplinarios [manpower], consultorías, nuevos contratos de soporte, nuevas negociaciones, nuevas herramientas, nuevos procesos, nuevas competencias, nuevas habilidades, nuevos conocimientos, nuevos recursos, y nuevas capacidades. No dejemos de lado el costo total de propiedad y los niveles de servicio acordados.

Seguramente deberemos considerar incluir cosas como aplicaciones móviles y su desarrollo, experiencia para el lado del cliente, IoT [Internet de las cosas] para obtener cierta experiencia en la captura de grandes flujos de datos y analizarlos desde diferentes dispositivos, ya sean estos dispositivos de consumo, dispositivos industriales, lo que se tenga a mano. Podría acabar ocurriendo que los ingenieros recién entrenados quieren usar nuevas técnicas en sistemas antiguos, y crear silenciosamente work-arounds en lo que se ha conocido como “shadow IT“. Trataríamos entonces de incorporar y estandarizar esta shadow IT y permitir a los innovadores innovar, pero dentro de la estructura corporativa. Esto implicaría una reingeniería de la gestión tecnológica y del papel de la empresa en su implementación.

Pero, tengamos presente que no por utilizar métodos ágiles o DevOps ya somos bimodales. La organización también está involucrada, no solo es un asunto de pura tecnología. Tampoco significa dedicarse a producir código porque se arriesga una mayor complejidad arquitectónica y de aplicación, lo que reduce la agilidad de la empresa. Recordemos que la cadena se rompe por el eslabón más débil, ¿o será que avanzaremos siempre al paso del más lento? [el impacto en los clientes, específicamente, es parte del segundo efecto secundario].

Ambos modos son esenciales, según Gartner, [tienen una relación simbiótica] para crear un valor sustancial, e impulsar un cambio organizativo importante, ninguno es estático y, probablemente, para el futuro tampoco sean suficientes. Combinar [y balancear] una evolución más predecible de productos y tecnologías (Modo 1) con lo nuevo e innovador (Modo 2) es la esencia de una capacidad bimodal empresarial. Ambos modos juegan un papel esencial en la transformación digital.

Sin embargo, el Modo 1 podría erróneamente considerarse negativo [¿desmotivación por creer que debe mantenerse con lo legacy (islamiento), con el día a día, aunque exista la nube?]. Y no vemos que se debería centrar en la explotación de lo que se conoce, pero renovando a la vez el entorno heredado a un estado que es apto para un mundo digital –renovar el core es la clave. De igual modo, el Modo 2 podría considerarse erróneamente positivo, (siempre iterando / ¿arriesgando, sobre simplificando, sin normas, con prácticas no lineales?), y siempre debería siempre estar ¿planeando para el futuro? [¿flexibilidad?, ¿motivación por mantenerse en lo nuevo?]. Capacidad de respuesta frente a estabilidad.

¿Y si cambiamos el ejemplo de los corredores a las velocidades de una bicicleta de carrera? ¿o de blanco y negro al espectro de colores? ¿cuán segregada/dividida/segmentada podrían estar TI? Esto sugiere que este modelo bimodal podría ser una sobre simplificación de lo realmente requerido. Por ejemplo, una mejor alternativa, según John C. McCarthy, analista de Forrester, es que las organizaciones trabajen más para entender sus desafíos y hacer “los cambios necesarios para conducir la simplicidad”. El enfoque en los clientes, más que la velocidad o una disciplina en particular, es el diferenciador crítico en las empresas que están teniendo éxito.

También debemos tener cuidado y considerar que los modos podrían competir inevitablemente por los fondos, recursos, habilidades y la atención de la dirección, sin dejar de lado estándares, disciplina, reducir complejidad, gestionar riesgos, en todo momento. Ambos conceptos pueden funcionar mejor cuando son compartidos por los elementos front-end y back-end del ecosistema de TI. Iterar es bueno, pero con la verificación y la metodología de las TI tradicionales de back-end.

Doxware, una variante del ransomware o del extortionware

Doxware, ¿es una evolución, una variante de malware, una nueva tendencia, o sólo un nuevo nombre? –porque nos gustan los nombres nuevos, sobre todo para lo que resulte amenazante[1].

Según la RAE, secuestrar es “Retener indebidamente a una persona para exigir dinero por su rescate, o para otros fines”; extorsión es “Presión que se ejerce sobre alguien mediante amenazas para obligarlo a actuar de determinada manera y obtener así dinero u otro beneficio”.

Ransomware suele instalarse en un sistema a través de un archivo adjunto de correo electrónico malicioso [usualmente de modalidad phishing], una descarga de software infectado y / o visitando un sitio o enlace malicioso. Cuando el sistema (independiente de la víctima) está infectado con ransomware, se bloquea, se cifran los archivos del usuario o se restringe el acceso del usuario a las funciones clave del equipo[2]. No se necesita mover datos, sólo cifrarlos[3]. Para evitar ataques, no sólo de ransomware, asegúrese de que todos los sistemas y software estén actualizados, proteja su red con tantas capas de seguridad como su presupuesto lo permita, cifre los datos sensibles, trate de no poner todos los huevos en la misma canasta, prevenga, eduque. El Grupo Smartekh nos ofrece un análisis gratuito de riesgo por ransomware.

Haciendo un poco de historia, la palabra doxxing; doxxing o doxing es un derivado de la palabra “docs” [“documentos” en idioma inglés]; el término es una versión abreviada de “dropping dox”, un método de venganza (algo así como dejar datos de alguien en el baño) que se remonta a la cultura hacker (y no tan hacker) de principios de los años 90[4].

Cuando doxxing y ransomware se combinan, esta combinación letal se conoce como Doxware[5]. Doxware entonces es el término usado para la técnica de acoso de encontrar, [secuestrar, extraer] y luego publicar información personal sensible de un usuario, incluyendo direcciones, números de teléfono e incluso números de Seguro Social[6].

Doxware normalmente escanea los archivos buscando frases clave que indican que son comunicación privilegiada, confidenciales o privados; así, el alcance de los archivos que doxware tiene como objetivo es menor que el ransomware ordinario, que se dirige a los discos duros completos[7].

Más preocupante es que los ciber delincuentes pueden tener acceso permanente a los datos personales y pueden exigir un rescate más de una vez. Incluso si se cede al chantaje, no hay ninguna garantía de que los archivos que han exfiltrado se eliminarán (apareció el extortionware). Los ataques basados en extorsión probablemente no aumentarán para el público en general, pero puede ser preocupante para los objetivos de alto valor, conocidos por tener datos valiosos. Con doxware el ataque es más personal, más selectivo, busca los blancos más atractivos, los que rindan más beneficios, los que maximicen el ROI. Es más, doxware puede exponer a las víctimas a acoso y humillación, pero también puede dejarlas vulnerables al robo de identidad[8].

El shadow IT, las redes sociales, el autoservicio de TI, hummmm. De hecho, preocupa a más de uno.

Confiamos en que evitamos la pérdida de los datos con los respaldos que realizamos, y en que recuperamos los servicios desde ahí, pero, en adición al tiempo y esfuerzo relacionados con el retorno real a la operación (dependiendo de la plataforma tecnológica desplegada, las capacidades existentes, y el tamaño del recurso comprometido), y del costo total de propiedad inherente, ¿qué fue de la pérdida de privacidad de los datos, no sólo por en dónde estaban sino, además, de quién son? ¿qué hay de un usufructo no alcanzado u oportunidades perdidas? ¿qué hay de los datos que son publicados y/o de posibles acciones legales por exposición no autorizada? ¿qué hay de la confianza perdida?, entre muchas otras interrogantes.

Recordemos, la ignorancia no es una defensa y el anonimato percibido no es un escape[9].

[1]       Fuente: http://searchdatacenter.techtarget.com/es/cronica/Doxware-Nueva-amenaza-de-ransomware-o-solo-extortionware-renombrado; disponible en marzo/2017

[2]       Fuente: https://www.techopedia.com/definition/4337/ransomware; disponible en marzo/2017

[3]       Fuente: http://www.networkworld.com/article/3174678/security/the-latest-ransomware-threat-doxware.html; disponible en marzo/2017

[4]       Fuente: http://computer.howstuffworks.com/what-is-doxxing.htm; disponible en marzo/2017

[5]       Fuente: https://www.topsec.com/it-security-news-and-info/what-is-doxware-ransomware; disponible en marzo/2017

[6]       Fuente; https://www.merriam-webster.com/dictionary/dox; disponible en marzo/2017

[7]       Fuente: https://www.techopedia.com/definition/32411/doxware; disponible en marzo/2017

[8]       Fuente: https://www.quora.com/What-is-Doxware-Malware; disponible en marzo/2017

[9]       Fuente: http://www.independent.co.uk/life-style/gadgets-and-tech/news/online-abuse-internet-sexting-doxxing-trolling-new-legal-guidelines-crime-prosecution-service-a7353536.html; disponible en marzo/2017