Algunas ‘mejores prácticas’ de TI para el fracaso –y algunas ‘mejores prácticas’ para evitarlo

Así es, una mejor práctica no es una receta de cocina. La preparación que hagamos de un ‘platillo’ y su resultado depende de muchos factores referidos a las herramientas, nosotros mismos como çocineros’, de los ‘comensales’ y su entorno.

Una real mejor práctica es considerar la preparación del ‘platillo’ para garantizar su resultado. Así, intervienen el ecosistema tecnológico en operación –moderno, vigente, legacy, integrado, interconectado- plataforma tecnológica e infraestructura de soporte, la cantidad necesaria de especialistas con el perfil apropiado, la experiencia, competencias (conocimientos, aptitudes, actitudes), orientación técnica o de gestión, requisitos del negocio, apetito de riesgo, intereses personales, los recursos para la producción del servicio (en adición al ecosistema tecnológico y el personal de apoyo, se necesita información, aplicaciones, recursos financieros) y capacidades para asegurar el rendimiento esperado (modelo de gestión, organización implementada, procesos establecidos, conocimiento gestionado), ambos activos de servicio necesarios para entregar el servicio con el valor esperado (con la utilidad y la garantía de rendimiento esperada), aparte claro del presupuesto, coyuntura socio-económica, entorno regulatorio y legal, mercado (cultura, exigencias, demografía, restricciones, gobierno, importación/exportación).

Estamos propensos a decir sí o no a todo y esto varia como buena práctica de acuerdo a la cultura y clima organizacional, buscando no quedar mal –aunque esto es lo que ocurre al no cumplir si accedemos o no entregar si era posible y alguien después nos lo hizo ver.

Una real buena práctica es explicar qué debe hacer para satisfacer las solicitudes, luego de realizar el análisis previo correspondiente. Lo que sigue será una conversación más que una excusa.

Tampoco es una buena práctica blandir que se cumple con el acuerdo de nivel de servicio (SLA) aceptado por el cliente, o con el nivel de servicio organizacional (OLA) requerido y comprometido por las áreas internas de la empresa, cuando es evidente la existencia de reclamaciones al respecto, y tratamos de minimizar el impacto haciendo bromas a costa de clientes, usuarios –o peor, de nuestro soporte- ‘inexperto’. Puede haber un contrato en ambos casos, pero no es bueno mantener las relaciones a distancia.

Una real buena práctica es identificar y enfrentar cambios –incluso sustanciales, investiguemos con transparencia. Recuerde que las relaciones requieren confianza, que la confianza no sucede a menos que reconozca a los colegas y clientes como personas reales que, si les gusta, trabajarán con usted para arreglar lo que falla y que el propósito de los contratos no es definir las relaciones -es definir lo que sucede cuando no hay confianza y algo va seriamente mal.

Tomamos como buena práctica poner nombre a nuestros proyectos, desde hace poco incluso, no siempre ha sido así. Pero esta buena práctica de la dirección de proyectos la utilizamos para nombrar el proyecto como una implementación de software (y nos preocupamos de que el producto software funcione) y no como los resultados esperados por el negocio (no establecemos los requisitos y criterios de validación necesarios para el entregable). El trabajo de TI se realiza cuando el software satisface los requisitos y cumple con las especificaciones –se ha hecho el aseguramiento y control de calidad apropiados al producto software, su verificación. Entonces sabemos quién es culpable de no alcanzar los resultados esperados por el negocio ¿verdad?

Una real buena práctica implica identificar al real sponsor del proyecto. Me refiero no al que ha sido nombrado (otra ‘buena práctica’), sino al que le interesa el éxito del proyecto porque su reputación está en juego y actúa en beneficio del negocio, y no asume el encargo sólo por intereses personales. Otra es designar correctamente a alguien realmente encargado de realizar las validaciones oportunas, correctas y apropiadas.

Insistir en un retorno de inversión de la plataforma actual al instaurar la buena práctica del gobierno de TI es también una perjudicial para los proyectos donde la tecnología puede ayudar a los departamentos de negocios a ofrecer mejores resultados más rápido, o para aquellos proyectos que buscan ayudar a impulsar la satisfacción del cliente.

No podemos discutir que estos proyectos son críticos, por lo que una real buena práctica es que se necesita establecer correctamente los casos de negocio oportunos, necesarios y apropiados, y la organización debe implementar los cambios que sean identificados con prontitud.

El aumento de la eficacia de la misión y la eficiencia operativa son beneficios clave que se pueden lograr con el cloud computing. Recordemos la definición del NIST. Pero aplicar una estrategia al respecto es otra cosa, considerando por supuesto la seguridad en la nube. Tomamos como buena práctica la mera adopción de una solución comercial enfocada en IaaS, PaaS o SaaS. Sí hay orientaciones al respecto, pero dependerá de cada organización su definición y el éxito de su implementación ya que se deberá mantener las evaluaciones tecnológicas y las inversiones alineadas con las estrategias empresariales. Es una buena práctica reutilizar el recurso humano (exigirle más, por decirlo amablemente), pero debemos considerar que, probablemente, se requiera una reorganización de la organización de TI para ofrecer mayor agilidad empresarial y soporte a iniciativas empresariales clave.

Es una real buena práctica recordar que el ser humano es adaptable pero no es una máquina multitarea y tiene dignidad. Entonces conviene planificar –una buena práctica que muchas veces olvidamos por las presiones del mercado. Una buena planificación es muy importante porque en ella establecemos roles, responsabilidades, alcance del modelo de despliegue y servicios a emplear o entregar, controles, aspectos de diseño y de operación (que seguramente será necesario afinar), cumplimiento regulatorio y legal, integración de tecnología legacy con la nueva, cargas de trabajo, procesos establecidos, exposición al riesgo o apetito de riesgo, sponsor (real), ámbito de influencia, gobernabilidad, plazos, presupuestos, valor real para el negocio considerando las inversiones con base en su estrategia de negocio digital, entre otros muchos factores a considerar.  Otra real buena práctica es que todos los proyectos que se lancen deberían estar totalmente equipados, con “personal completo”, lo que significa que el proyecto nunca esperará a que un miembro del equipo esté disponible para trabajar en él.

Una buena práctica es emplear métodos ágiles, pero el pretender combinarla con la premisa de abaratar costos ya no lo es. La combinación es factible pero complicada en su control y gestión, y hasta contraproducente en cuanto a resultados esperados. Esto sólo si hablamos de contar con recursos y capacidades internas al país (on-shore); sin hablar de los recursos y capacidades que podrían verse interesantes fuera del país (off-shore).

Una real buena práctica es realizar una apropiada planificación tras reconocer que están implicados diferentes aspectos, no sólo el costo del recurso humano con el perfil adecuado, sino los costos de la tecnología a emplear y los mecanismos de seguridad necesarios, así como aspectos de locación, demográficos, culturares, idiomáticos, entre muchos otros.

Cómo la organización necesita capacitar a sus colaboradores en ciberseguridad

Las encuestas seguramente mostrarán que los trabajadores siguen violando las políticas de seguridad para seguir siendo productivos.

Las amenazas de información modernas vienen en muchas formas: de los hackers que buscan robar propiedad intelectual a los empleados inconscientes que no saben que están poniendo los datos en riesgo.

Cierto, los seres humanos somos el eslabón más débil –hasta que los hacemos un activo fuerte.

[Sin duda] la empresa capacita a sus colaboradores de acuerdo con su política de seguridad para inculcarles el papel crítico que desempeñan en mantener su lugar de trabajo seguro mediante una vigilancia más estrecha para proteger contraseñas personales y datos confidenciales, y en reconocer las amenazas (¿ransomware por ejemplo?).

Toquemos el punto de la capacitación y preguntémonos:

  • ¿cómo realizamos estas capacitaciones? Por ejemplo, en línea o presencial, otras formas
  • ¿en dónde realizamos estas capacitaciones? Por ejemplo, en un local especialmente acondicionado (interno o interno a la organización), en la oficina del jefe inmediato, en el módulo de trabajo del colaborador al cual reemplazará o con el cual trabajará, otros
  • ¿en qué oportunidades realizamos esta capacitación? Por ejemplo, el primer día/semana/mes de labores, tan pronto o luego que el colaborador ha ingresado, o antes que el colaborador se integre formalmente a la empresa, agrupamos los colaboradores ingresantes en un periodo determinado, una vez al año, por pedido expreso, por necesidad evidente [una re-capacitación por ‘afianzamiento’ tal vez], otras opciones
  • ¿cuál es el propósito de la capacitación? Por ejemplo, una inducción, la que esperamos no sea sólo de seguridad ocupacional, difundir la política institucional, difundir la política de seguridad, aclarar el acuerdo de confidencialidad que el colaborador firmará al ingresar a laborar y que le será recordado por el área competente al retirarse de la empresa, otros
  • ¿mantenemos un registro de las capacitaciones realizadas? Por ejemplo, en archivo texto, hoja de cálculo, archivos personales, base de datos, otros, y consideramos también las evaluaciones de entrada y de salida, tanto de colaboradores como de capacitadores
  • ¿cómo aseguramos la asistencia? Por ejemplo, por disposición normativa, coordinación con el jefe inmediato, obligación contractual, amenaza a la continuidad laboral por incumplimiento, otros
  • ¿cómo controlamos la asistencia y entrega/accedo al material correspondiente? Por ejemplo, identificación de la computadora desde donde realizamos la capacitación [dirección IP, nombre de máquina], identificación del usuario que ingresa al módulo en línea de capacitación, presencial con un supervisor, listado actualizado de participantes, otros
  • ¿mantenemos un historial de estas capacitaciones por cada colaborador? Por ejemplo, para emplearlas como insumo de la evaluación semestral o anual
  • ¿de qué manera aseguramos el resultado esperado –y continuo- de esta capacitación? Por ejemplo, evaluaciones inopinadas periódicas con registro de resultados en el archivo personal, resultados tangibles [objetivos] de labores realizadas registrados en el archivo personal, otros
  • ¿por qué realizamos estas capacitaciones? Por ejemplo, por mero cumplimiento normativo, porque así lo pidió el jefe [actual], o porque la empresa realmente ha interiorizado la necesidad, entre otros
  • Seguramente tenemos algunas otras inquietudes. Compártanlas por favor, en beneficio de todos.

Démonos cuenta [si aún no lo hemos hecho] de que la seguridad es un facilitador.

Crear una cultura de seguridad en una empresa puede ser complicado. En la organización la cultura implica una balanceada intersección entre personas y organización –es lo que hace únicas a las empresas, afecta la forma en que implementamos las cosas y lo que tiene sentido en el ecosistema de la organización.

En este ecosistema, los profesionales de la seguridad de la información debemos darnos cuenta que hemos evolucionado de siempre ser vistos como meramente tecnólogos, a gente de proceso, a ser verdaderamente un socio comercial y profesional de negocios -me incluyo ¿te incluyes?

En aras de afianzar esta cultura de ciberseguridad, por ejemplo, nada como ser transparente en qué estamos haciendo y cómo lo estamos haciendo los profesionales de la seguridad de la información, y explicarlo en el lenguaje del negocio -¿de qué manera lo haces tú?

Pero, también es obvio que la organización debe evolucionar, debe buscar un equilibrio entre proteger los datos y capacitar a los colaboradores para que sean productivos (no olvidemos la triada procesos-personas-tecnología), incorporando los altos ejecutivos del negocio en este esfuerzo de capacitación para que entiendan a cabalidad [y con esfuerzo y tiempo, también interioricen que no es sólo responsabilidad del departamento de TI] los requerimientos y necesidades de ciberseguridad [algo que ya no se puede ignorar].

La organización busca protegerse contra el mal comportamiento del usuario final, amenazas de día cero, sitios Web comprometidos y hacks entre equipos de escritorio y entre equipos de escritorio y servidores, seguramente empleará para esto alguna herramienta especializada (¿secure desktop as a serviceSDaaS?).

Bastante se ha hablado también que no es una cuestión de si vamos a ser atacados [o que vaya a violar nuestra seguridad], es una cuestión de cuándo esto ocurrirá, y que debemos estar preparados.

El problema seguramente es cómo lograr que tanto la organización como los colaboradores interioricen esta necesidad y objetivo –de manera continua porque, recordemos que la seguridad es un proceso, no un producto.

¿Cómo pueden las compañías asegurarse de que sus políticas y procesos de seguridad estén al día con las amenazas modernas? Una política de seguridad clara y bien entendida sería un inicio. Una sensibilización y formación [en contraposición (o complemento tal vez) a una capacitación] apropiadas, seguidas de las auditorias correspondientes, serian también aconsejables. El tipo de sensibilización [compromiso e interiorización posterior] que logremos en estos programas de formación es la clave. Enfrentamos entonces el cómo, cuándo, con qué, quién, para qué, formamos y hay un desafío en el contenido y orientación de la formación.

Como estado, es evidente que hay bastante más que hacer. Los esfuerzos de PCM-ONGEI podrían no ser suficientes y están lejos de ser completos.

En el ámbito educativo, algunas universidades contemplan carreras de ingeniería que incluyen cursos de ciberseguridad en su currículo, y otras ofrecen carreras especificas relacionadas con la seguridad informática; sin embargo, este interés en la seguridad de la información se centra aún –erróneamente- en carreras de ingeniería relacionadas con las tecnologías de la información.

Las certificaciones ayudan, pero, a pesar que hay un gran número de ellas, podrían no ser suficientes [en el tiempo] o apropiadas [orientación, alcance] para todo tipo de organización [deberemos tener en cuenta sus prioridades, objetivos y metas estratégicas, sus impulsores de valor].

Gestión de proyectos en la gestión pública

Ya antes habíamos comentado sobre los proyectos fallidos.

De hecho, mucho se habla hoy sobre este tema de que en la gestión pública se deben gestionar proyectos o, al menos, de que deberíamos emplear técnicas de gestión de proyectos en la gestión pública.

Interesante propuesta, e ideal desde todo punto de vista, pero ¿y la acción?

Hace un tiempo se pretendió utilizar una herramienta para gestionar proyectos en una entidad del estado. Obviamente esta iniciativa fracasó. Los motivos fueron, entre otros, pero no limitados a, la expectativa de alcanzar los beneficios siempre promulgados por una eficiente gestión de proyectos, además de una pronta toma de decisiones informada, pero sin tener en cuenta las restricciones y plazos de ley para ciertas actividades, las ocurrencias producto de una deficiente formulación de los expedientes técnicos, y formalismos establecidos, pero no estandarizados, de los diferentes actores. Hay aquí una relación e integración interesante de gobierno, riesgos, y cumplimiento, y se comprueba que todo proyecto debe ser continuamente monitorizado para validar que se mantiene entregando el valor esperado.

El gerente general deseaba conocer realmente el portafolio de proyectos de la institución. Deseaba dejar un portafolio de proyectos ordenado, organizado, y controlado. En la fecha de la presentación oficial del producto desarrollado, se dio cuenta este gerente que no iba a inaugurar una determinada obra -estratégica- durante su vigencia en el cargo. Los sub-gerentes se excusaron, adujeron carencia de información oportuna, apareció un sin número de actividades extra, y atacaron el producto. El ejercicio sirvió al gerente para tomar una decisión referente a la inauguración, y para corroborar, según él, que efectivamente no se le informaba ni oportuna ni apropiadamente, y que las gerencias no trabajaban en equipo.

El producto no tenía nada de malo. Se había desarrollado en conjunto con el personal asignado como un producto dinámico, de alcance holístico para la tarea. Este dinamismo permitía reducir, lo mejor posible, la incertidumbre y el riesgo[1], pero era necesario dedicarle –constantemente-un tiempo; no es que me pueda limitar horas antes a completar el cuadro, de forma aislada, para presentarlo en la fecha prevista, apoyándome en “mi experiencia pasada”. El alcance era holístico por cuanto involucraba todas las gerencias, desde la concepción de la idea hasta la inauguración del proyecto una vez terminado. Un problema es que los sub-gerentes lo consideraron un mero plan estático, y no un producto sujeto de continua actualización (¿una de las excusas del momento?). El compromiso de apoyo se dio, puntualmente para el momento y por exigencia del gerente general, atendiendo a únicamente su ámbito de competencia, y falló la comunicación interna, y la continuidad del compromiso (genuino) para las actualizaciones pertinentes y constantes, el sinceramiento de reconocer que se necesita y de adoptar una herramienta de control.

Si lo anterior se corrigiera, entendiendo que se requiere un cambio de real[2] contenido (estructura, procesos de negocios, sistemas de gestión, tecnología, cultura, las propias personas, etc.), seguramente mejoraríamos la calidad de los proyectos y obtendríamos mejores resultados, sobre todo, sostenibles en el tiempo.

[1]       Fuente: http://salineropampliega.com/2014/11/gestion-de-proyectos-en-la-administracion-publica.html

[2]       Fuente: http://salineropampliega.com/2017/02/entrevista-a-akira-bloise-sobre-como-implementar-la-direccion-de-proyectos-en-una-organizacion-12.html

Transformación digital

McKinsey[1] nos dice que la transformación es quizás el término más usado en los negocios. A menudo, las empresas lo aplican libremente, a cualquier forma de cambio, por pequeño o rutinario que sea.

Así, el término “transformación digital” se ha utilizado para describir cualquier cosa, desde una aplicación técnica hasta el desarrollo de una estrategia de medios sociales, pero en realidad la verdadera transformación necesita involucrar mucho más que el producto final[2].

Veamos.

Las empresas han evolucionado, como lo muestra la siguiente figura, que propone una combinación de fuerzas económicas y tecnológicas que han cambiado el mundo y han creado y crean disrupción –nadie está a salvo. Interesante el trío de tecnologías habilitadoras:

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Fuente: High Level Digital Transformation Diagnostic, Agile Elephant

Forrester[3] nos alerta que el mundo se ha vuelto digital ‑la competencia se basa cada vez más en la fuerza de sus experiencias digitales y negocios digitales. Así, buscamos realizar hoy una transformación digital para competir mañana y lo hacemos por diversas razones:

  • Porque hemos fallado en evolucionar como empresa, nuestros proyectos no han sido exitosos, y es una cuestión de transformar o perecer[4], ya que la competencia lo está haciendo. Forrester nos informa que 46% de los ejecutivos encuestados por creen que para el año 2020 lo digital tendrá un impacto en más de la mitad de sus ventas[5].
  • Porque buscamos crecer. PWC[6] nos informa lo que los negocios realmente quieren tras esta iniciativa: aumentar las ganancias; aumentar los ingresos; crear una mejor experiencia del cliente.

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Fuente: PWC, 2015 Digital IQ Survey

  • Porque es una transformación del negocio lo que buscamos siendo que lo digital está [o debería estar] ya imbuido en el negocio y porque lo digital está muy arraigado en el consumidor actual o, como dice Altimeter[7] “un realineamiento de modelos de negocio y procesos para generar un nuevo valor para los clientes y empleados con el fin de competir efectivamente en una economía digital en constante cambio” –lo que podría potencialmente abarcar a todos los clientes.
  • Porque los proyectos de transformación digital deben producir algo valioso para el consumidor y el negocio y esto requiere de una visión clara del líder para que el negocio la compre y se comprometa, ‑porque si no, nada se transforma. Liderar el cambio digital requiere que los gerentes tengan una visión de cómo transformar su empresa para enfrentar un mundo digital. Algo valioso para el usuario podría ser, por ejemplo, la experiencia en la navegación y personalización, considerando además un muy probable comportamiento cambiante. Para el negocio, algo valioso podría ser, por ejemplo, una capacidad superior de analítica de datos (grandes volúmenes de datos y una aplicación avanzada), integración de tecnologías, agilidad y flexibilidad operativas para enfrentar nuevos requerimientos –teniendo siempre en cuenta el costo total de propiedad.
  • Porque buscamos una manera de decir que nos movemos a la nube [primero[8]], en cuyo caso, deberemos conocer los pasos que deberemos seguir, determinar si debemos crear nuevos puestos de trabajo o contratar consultorías especializadas, establecer la garantía del servicio, por ejemplo.

Lo cierto es que la transformación digital es imperativa para cualquier negocio, grande o pequeño ‑declaración bastante trillada además. Pero tengamos presente que la transformación digital implica invertir en la tecnología que sea y cuando sea apropiada, porque la tecnología por sí sola no es una solución –es un medio, no una estrategia; es un viaje, no un destino.

Según un artículo del MIT Sloan Management Review[9], cuanto mayor sea la madurez digital de una empresa, mejores serán sus resultados financieros. La madurez digital está dada por la intensidad digital, que es el nivel de inversión en iniciativas que son posibles con la tecnología y que significan cambiar la forma en que opera la empresa; y por la intensidad en la gestión de la transformación, que es el nivel de inversión en las capacidades de liderazgo necesarias para crear la transformación digital dentro de una organización, y el gobierno correspondiente. Y Deloitte[10] nos dice que es la estrategia digital la que impulsa la madurez digital, y la agenda digital se conduce desde arriba. El líder digital debe tener la capacidad de articular el valor de las tecnologías digitales con el futuro de la organización –no precisamente ser un experto en tecnología. Las empresas van desde una madurez temprana, pasando por un estado de desarrollo de la madurez, y van madurando digitalmente.

De hecho, PWC ha identificado las siguientes diez capacidades críticas que se correlacionan con un fuerte rendimiento financiero –evidentes, por cierto, todos los puntos, y especialmente el de ciberseguridad: liderazgo, de arriba para abajo, compromiso, estrategia compartida en toda la organización, abordar los temas desde afuera, impulsado por la ventaja competitiva, uso eficiente de los datos del negocio (analítica, tecnología adicional a las propuestas por Agile Elephant: nube, social, móvil), ciberseguridad, ruta digital clara, medición consistente y continua.

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Fuente: PWC, 2015 Digital IQ Survey

Crear una nueva forma interna de trabajar y comunicarse es parte del proceso. Es un cambio cultural para muchas organizaciones. Las personas, sus habilidades y la cultura de la organización son esenciales para que una transformación tenga éxito. Agile Elephant[11] nos sugiere emplear el modelo de las 7 S de McKinsey[12] para diseñar la transformación, y no olvidarnos de la parte “blanda” anterior, ya que usualmente nos enfocamos sólo en la parte “dura”, y es que la transformación digital es un problema de personas, y agregaría, motivadas:

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Debemos fomentar la innovación [sin grandes volúmenes de datos de calidad que “alimente” la innovación, el proceso se detendrá], la capacidad de innovación, y nuevos modelos de negocio[13], buscar cambiar la organización de un enfoque legacy a nuevas formas de trabajar y pensar usando tecnologías digitales, sociales, móviles y emergentes con la finalidad de propiciar cambios en las relaciones con clientes, procesos internos y propuestas de valor[14]. Lo cual implica, según Gartner[15], modernizar las aplicaciones nucleares, extender las capacidades de estas aplicaciones, transicionar a nuevos modelos de consumo como SaaS, entre otras posibilidades de abordar el tema. Gartner también nos sugiere construir software diferenciado, innovador y no estándar o software con servicios profesionales (para requisitos de personalización e integración), o soluciones cada vez más originarias de empresas emergentes, disruptores o proveedores locales especializados, y no comprar aplicaciones ya hechas. ¿No les parece una ola esto?; es decir, ¿no lo habían escuchado antes?

Operar dentro de los límites de los paradigmas tradicionales sin propósito ni visión desafía finalmente la dirección, la capacidad y la agilidad para prosperar en una economía digital. El camino hacia la transformación suele ser moldeado por la persona o el grupo que dirige el esfuerzo, lo cual puede limitar la implementación de una transformación holística, persistente y significativa en toda la empresa; por ejemplo, impulsando las inversiones digitales desde una perspectiva operativa o tecnológica sin la empatía del cliente o el conocimiento de cómo y por qué las nuevas expectativas, preferencias y valores que generan la disrupción de los mercados. Crean lo que Schumpeter acuñó como “destrucción creativa”[16].

El cambio cultural requiere que las organizaciones desafíen continuamente el statu quo, experimenten a menudo –tomar riesgos es una norma cultural, y se sientan cómodos con el fracaso. El compromiso con los empleados y gerentes necesita tener un contexto, una visión y un llamado a la acción que resuene con cada persona individualmente. Este tipo de personalización es lo que motiva a una fuerza de trabajo. La incorporación de los procesos y enfoques de trabajo de la transformación en actividades cotidianas deben darse desde el inicio de la transformación para asegurar que el impulso del rendimiento continúe acelerándose después de la transformación.

Además, necesitamos saber dónde está ocurriendo el cambio[17], dónde tiene el mayor impacto –y cuán rápido está ocurriendo. Es importante mirar más allá de su propio sector: la interrupción digital no respeta las fronteras de la industria.

La optimización del contacto que tiene el cliente con la marca obliga a una empresa a identificar todas las herramientas y tecnologías –apropiadas para la tarea, procesos, capacidades y transiciones necesarias para ofrecerle una gran experiencia[18] -e incrementar el valor de vida del cliente[19] por supuesto.

La forma en que las organizaciones han estado planificando y administrando cambios a gran escala ya no funciona, se necesita ahora un enfoque iterativo, ágil (el ritmo del cambio en el mundo digital es [muy] rápido), automatizado, basado en los resultados y orientado a la experiencia del cliente. La transformación no es ensamblar cosas o combinar soluciones de las plataformas empresariales existentes. Es cuestionar cómo funciona la estructura y lo que se necesita para hacerlo mejor, no sólo reunir todo lo existente –incluyendo lo legacy- de formas diferentes –o “innovadoras”.

Así, es vital: la colaboración interna; la creación de procesos holísticos y no fragmentados[20] que apoyen la visión, no sólo la propuesta de actividades o metas; la creación de equipos multifuncionales que integren diversas funciones en el negocio, conformados por el personal correcto y adecuado para ejecutar la estrategia[21], competente, bien entrenado y capacitado, con la mentoría apropiada, o los proyectos fallarán; el desarrollo de incentivos para compartir por una entrega –final- exitosa; y cuidar de no subestimar necesidades o recursos y capacidades.

Para crear impulso, los equipos multifuncionales necesitan un apoyo visible de la alta dirección, un mandato claro para hacer las cosas con el empoderamiento oportuno y apropiado, suficientes recursos para construir un programa de trabajo donde las inversiones deberían estar ligadas al progreso y no a ciclos presupuestales fijos, y responsabilidad por las ganancias y pérdidas y rendición de cuentas.

Debemos tener presente que deberemos eliminar barreras y contar con una estrategia de visión transformadora, que nuestra cultura debe tender a ser integrada e innovadora, con un talento humano realmente comprometido que sigue un liderazgo con buenas habilidades digitales.

[1]      Fuente: http://www.mckinsey.com/business-functions/mckinsey-recovery-and-transformation-services/our-insights/transformation-with-a-capital-t; disponible en dic/2016

[2]      Fuente: https://www.marketingweek.com/2016/04/14/what-does-digital-transformation-really-mean/; disponible en dic/2016

[3]      Fuente: https://solutions.forrester.com/consulting/digital-business/; disponible en dic/2016

[4]      Fuente: https://enterprisersproject.com/what-is-digital-transformation; disponible en dic/2016

[5]      Fuente: http://blogs.forrester.com/nigel_fenwick/15-12-08-the_state_of_digital_business_2016_to_2020; disponible en dic/2016

[6]      Fuente: http://www.pwc.com/gx/en/advisory-services/digital-iq-survey-2015/campaign-site/digital-iq-survey-2015.pdf; disponible en dic/2016

[7]      Fuente: http://www.altimetergroup.com/pdf/reports/Six-Stages-of-Digital-Transformation-Altimeter.pdf; disponible en dic/2016

[8]      Fuente: http://www.businesswire.com/news/home/20151104005180/en/; disponible en dic/2016

[9]      Fuente: http://sloanreview.mit.edu/article/the-advantages-of-digital-maturity/; disponible en dic/2016

[10]    Fuente: https://dupress.deloitte.com/content/dam/dup-us-en/articles/digital-transformation-strategy-digitally-mature/15-MIT-DD-Strategy_small.pdf; disponible en dic/2016

[11]    Fuente: http://www.theagileelephant.com/digital-transformation-diagnostic/; disponible en dic/2016

[12]    Fuente: http://www.12manage.com/methods_7S_es.html; disponible en dic/2016

[13]    Fuente: http://www.theagileelephant.com/what-is-digital-transformation/; disponible en dic/2016

[14]    Fuente: http://sloanreview.mit.edu/article/the-nine-elements-of-digital-transformation/; disponible en dic/2016

[15]    Fuente: http://www.gartner.com/newsroom/id/3119717; disponible en dic/2016

[16]    Fuente: http://www.centroschumpeter.org/2015/05/la-innovacion-proceso-destruccion-creativa/; disponible en dic/2016

[17]    Fuente: http://www.mckinsey.com/business-functions/organization/our-insights/nine-questions-to-help-you-get-your-digital-transformation-right; disponible en dic/2016

[18]    Fuente: http://www.i-scoop.eu/digital-transformation/#Digital_transformation_and_the_customer_experience; disponible en dic/2016

[19]    Fuente: http://www.marketingguerrilla.es/que-es-el-customer-lifetime-value/; disponible en dic/2016

[20]    Fuente: http://www.cmswire.com/digital-experience/7-reasons-your-digital-transformation-project-may-fail/; disponible en dic/2016

[21]    Fuente: https://cloudfabrix.com/blog/digital-transformation/why-most-of-the-digital-transformation-projects-are-failing/; disponible en dic/2016

Curso: Planeamiento estratégico (Ingeniería de Sistemas)

Introducción

Dictado en la Universidad Telesup -UPT, Lima – Perú, en los ciclos 2007-2 (noviembre/2007), 2008-2 (noviembre/2008), 2009-2 (agosto/2009), 2010-0 (enero/2010).

Sumilla

Es sabido que la información constituye, cada vez más, un recurso estratégico esencial para la supervivencia actual de la empresa o la institución. El gerente de hoy no sólo debe cuidar de los principales procesos de su empresa, sino que además debe estar midiendo permanentemente la manera como el entorno afecta estos procesos. En el caso de la información, su almacenamiento, tratamiento, recuperación y transmisión. Ello significa un ejercicio permanente de planeamiento y análisis de sistemas y procesos que hagan cada vez más eficiente y fácil el flujo de información entre las fuentes de información y los lugares de la empresa en donde se le requiere, ya sea para posibilitar procesos de gestión o bien para tomar decisiones sobre algún aspecto que atañe a su funcionamiento; más en los últimos tiempos donde la tecnología es tan cambiante.

En efecto, el planeamiento estratégico de la información comienza antes de tratarse el tema de la información. Comienza con el proceso de análisis, evaluación y determinación de la misión, objetivos, metas y mecanismos de medición institucionales. Sólo a partir de un planeamiento global de los fines y métodos de la empresa es que podemos alinear exitosamente el planeamiento de los sistemas de información que deben hacer posible tales fines y métodos. El análisis del impacto de las tecnologías de la información y las comunicaciones –TIC‑ y el de aquellas que sean pertinentes al “negocio” central de nuestra empresa o institución deben ser incorporados cuidadosamente en nuestro planeamiento.

Para hacer frente a lo anterior, durante el desarrollo de este curso el estudiante recibirá la información necesaria que le permitirá resolver con éxito diversas situaciones en la que un planeamiento estratégico bien diseñado y gestionado es mandatorio.

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Planeamiento estratégico AFP Horizonte

La seguridad social es un sistema de largo plazo que busca brindar protección a los trabajadores y sus familiares cuando lleguen a la edad de jubilación o cuando ocurren siniestros de invalidez o muerte, sin poner en riesgo la economía de los países.

Como pieza fundamental de la reforma del Estado, se buscó un sistema de Previsión más justo para los trabajadores del país que ayudara al crecimiento del ahorro interno y se adoptó el esquema chileno, creando a fines de 1,992 mediante DL25897, el Sistema Privado de Pensiones bajo un sistema de Capitalización Individual. Continue reading