ITIL®, COBIT®, PMBOK®, entre otros frameworks

Sabemos que para gestionar las TI existen diferentes framework o marcos. Están también los viejos conocidos como COBIT® y el PMBOK®.

Recordemos que un marco es una estructura real o conceptual destinada a servir como un soporte o guía para la construcción de algo que expande dicha estructura en algo útil. Es necesaria para evitar re-inventar la rueda (la tecnología, y su eficiencia) y enfocar esfuerzos (recursos, capacidades, presupuestos, entre otros) en las reglas del negocio. La necesidad de emplear un marco es variable, y hasta cierto punto. No olvidemos que hay que adoptar y adaptar las cosas a nuestra realidad.

Por ejemplo, ayer un exalumno estaba esperando rendir su examen de certificación en ITIL® Fundamentos, el cual aprobó, y me contó mientras esperaba, que recién con el curso que le di entendió todo lo que en su empresa existía desplegado referente a ITIL®.

Bueno, lo cierto es que ITIL® estaba desplegado, implantado, pero no estaba interiorizado, no había sido adoptado. Este mismo exalumno lo reconoció. Los usuarios internos no tienen conciencia de por qué hacen las cosas; simplemente las hacen -cumplen. Los que apoyan o administran los servicios, tampoco, ya que se preocupan por que sus ‘indicadores’ no arrojen resultados negativos. En general, la empresa no entiende lo que es una apropiada gestión de servicios –y este ex alumno me comenta que hay varios certificados en ITIL. Esto último es una mala propaganda y por ello muchas empresas no confían en las buenas prácticas de ITIL (no ahondaré si es la empresa la que ocasiona esto con su cultura o es producto de una adecuada aplicación). Los usuarios utilizan las herramientas principalmente para controlar tickets. Aparte de utilizarla mal, encima desconocen las verdaderas capacidades de la herramienta. Los nuevos usuarios no son capacitados; la capacitación utiliza el método Inca (de boca en boca); y otras situaciones que me enteré. Una pena, por la empresa y por sus clientes –mi opinión, ya que no importa cuán brillante es el producto o si hace mil cosas; si no estamos proporcionando el resultado que el usuario final espera (el valor del servicio que está pagando), estamos fracasando. Una noticia al respecto aquí (ojo, no es la empresa de la que hablo) que generan costos innecesarios de compensación y remediación, querellas judiciales, pago de moras, auditorías inopinadas, pérdida de beneficios, demandas judiciales, entre otros aspectos negativos. No es de extrañar saber de proyectos ‘de éxito reservado’, por asignación inadecuada o inoportuna de recursos, plazos excesivamente agresivos –algunas veces exigidos sin base o beneficio para el negocio, costos subestimados, requisitos olvidados –o mal identificados, complicaciones imprevistas –que no faltan, un mal gobiernos, y los [consabidos y omnipresentes] errores humanos como código defectuoso.

Lo anterior nos hace preguntarnos ¿para qué me servirá aplicar el marco tal o cual? Ojo, aplicar, no imponer. Resulta obvio revisar nuestra necesidad concreta y el enfoque de nuestra necesidad, alternativas –reales- de solución, compromiso con la adopción correctamente elegida, no mero cumplimiento –o moda.

Recordemos que hay una herramienta correcta para cada necesidad, la cual debe utilizarse en el momento preciso y por quien conoce cómo utilizarla –desde la primera vez.

Al igual que con cualquier proyecto, siempre se debe mantener las líneas de comunicación abierta entre las distintas partes, medir y monitorear el progreso de la implementación y buscar ayuda externa si es necesario.

Algunas ‘mejores prácticas’ de TI para el fracaso –y algunas ‘mejores prácticas’ para evitarlo

Así es, una mejor práctica no es una receta de cocina. La preparación que hagamos de un ‘platillo’ y su resultado depende de muchos factores referidos a las herramientas, nosotros mismos como çocineros’, de los ‘comensales’ y su entorno.

Una real mejor práctica es considerar la preparación del ‘platillo’ para garantizar su resultado. Así, intervienen el ecosistema tecnológico en operación –moderno, vigente, legacy, integrado, interconectado- plataforma tecnológica e infraestructura de soporte, la cantidad necesaria de especialistas con el perfil apropiado, la experiencia, competencias (conocimientos, aptitudes, actitudes), orientación técnica o de gestión, requisitos del negocio, apetito de riesgo, intereses personales, los recursos para la producción del servicio (en adición al ecosistema tecnológico y el personal de apoyo, se necesita información, aplicaciones, recursos financieros) y capacidades para asegurar el rendimiento esperado (modelo de gestión, organización implementada, procesos establecidos, conocimiento gestionado), ambos activos de servicio necesarios para entregar el servicio con el valor esperado (con la utilidad y la garantía de rendimiento esperada), aparte claro del presupuesto, coyuntura socio-económica, entorno regulatorio y legal, mercado (cultura, exigencias, demografía, restricciones, gobierno, importación/exportación).

Estamos propensos a decir sí o no a todo y esto varia como buena práctica de acuerdo a la cultura y clima organizacional, buscando no quedar mal –aunque esto es lo que ocurre al no cumplir si accedemos o no entregar si era posible y alguien después nos lo hizo ver.

Una real buena práctica es explicar qué debe hacer para satisfacer las solicitudes, luego de realizar el análisis previo correspondiente. Lo que sigue será una conversación más que una excusa.

Tampoco es una buena práctica blandir que se cumple con el acuerdo de nivel de servicio (SLA) aceptado por el cliente, o con el nivel de servicio organizacional (OLA) requerido y comprometido por las áreas internas de la empresa, cuando es evidente la existencia de reclamaciones al respecto, y tratamos de minimizar el impacto haciendo bromas a costa de clientes, usuarios –o peor, de nuestro soporte- ‘inexperto’. Puede haber un contrato en ambos casos, pero no es bueno mantener las relaciones a distancia.

Una real buena práctica es identificar y enfrentar cambios –incluso sustanciales, investiguemos con transparencia. Recuerde que las relaciones requieren confianza, que la confianza no sucede a menos que reconozca a los colegas y clientes como personas reales que, si les gusta, trabajarán con usted para arreglar lo que falla y que el propósito de los contratos no es definir las relaciones -es definir lo que sucede cuando no hay confianza y algo va seriamente mal.

Tomamos como buena práctica poner nombre a nuestros proyectos, desde hace poco incluso, no siempre ha sido así. Pero esta buena práctica de la dirección de proyectos la utilizamos para nombrar el proyecto como una implementación de software (y nos preocupamos de que el producto software funcione) y no como los resultados esperados por el negocio (no establecemos los requisitos y criterios de validación necesarios para el entregable). El trabajo de TI se realiza cuando el software satisface los requisitos y cumple con las especificaciones –se ha hecho el aseguramiento y control de calidad apropiados al producto software, su verificación. Entonces sabemos quién es culpable de no alcanzar los resultados esperados por el negocio ¿verdad?

Una real buena práctica implica identificar al real sponsor del proyecto. Me refiero no al que ha sido nombrado (otra ‘buena práctica’), sino al que le interesa el éxito del proyecto porque su reputación está en juego y actúa en beneficio del negocio, y no asume el encargo sólo por intereses personales. Otra es designar correctamente a alguien realmente encargado de realizar las validaciones oportunas, correctas y apropiadas.

Insistir en un retorno de inversión de la plataforma actual al instaurar la buena práctica del gobierno de TI es también una perjudicial para los proyectos donde la tecnología puede ayudar a los departamentos de negocios a ofrecer mejores resultados más rápido, o para aquellos proyectos que buscan ayudar a impulsar la satisfacción del cliente.

No podemos discutir que estos proyectos son críticos, por lo que una real buena práctica es que se necesita establecer correctamente los casos de negocio oportunos, necesarios y apropiados, y la organización debe implementar los cambios que sean identificados con prontitud.

El aumento de la eficacia de la misión y la eficiencia operativa son beneficios clave que se pueden lograr con el cloud computing. Recordemos la definición del NIST. Pero aplicar una estrategia al respecto es otra cosa, considerando por supuesto la seguridad en la nube. Tomamos como buena práctica la mera adopción de una solución comercial enfocada en IaaS, PaaS o SaaS. Sí hay orientaciones al respecto, pero dependerá de cada organización su definición y el éxito de su implementación ya que se deberá mantener las evaluaciones tecnológicas y las inversiones alineadas con las estrategias empresariales. Es una buena práctica reutilizar el recurso humano (exigirle más, por decirlo amablemente), pero debemos considerar que, probablemente, se requiera una reorganización de la organización de TI para ofrecer mayor agilidad empresarial y soporte a iniciativas empresariales clave.

Es una real buena práctica recordar que el ser humano es adaptable pero no es una máquina multitarea y tiene dignidad. Entonces conviene planificar –una buena práctica que muchas veces olvidamos por las presiones del mercado. Una buena planificación es muy importante porque en ella establecemos roles, responsabilidades, alcance del modelo de despliegue y servicios a emplear o entregar, controles, aspectos de diseño y de operación (que seguramente será necesario afinar), cumplimiento regulatorio y legal, integración de tecnología legacy con la nueva, cargas de trabajo, procesos establecidos, exposición al riesgo o apetito de riesgo, sponsor (real), ámbito de influencia, gobernabilidad, plazos, presupuestos, valor real para el negocio considerando las inversiones con base en su estrategia de negocio digital, entre otros muchos factores a considerar.  Otra real buena práctica es que todos los proyectos que se lancen deberían estar totalmente equipados, con “personal completo”, lo que significa que el proyecto nunca esperará a que un miembro del equipo esté disponible para trabajar en él.

Una buena práctica es emplear métodos ágiles, pero el pretender combinarla con la premisa de abaratar costos ya no lo es. La combinación es factible pero complicada en su control y gestión, y hasta contraproducente en cuanto a resultados esperados. Esto sólo si hablamos de contar con recursos y capacidades internas al país (on-shore); sin hablar de los recursos y capacidades que podrían verse interesantes fuera del país (off-shore).

Una real buena práctica es realizar una apropiada planificación tras reconocer que están implicados diferentes aspectos, no sólo el costo del recurso humano con el perfil adecuado, sino los costos de la tecnología a emplear y los mecanismos de seguridad necesarios, así como aspectos de locación, demográficos, culturares, idiomáticos, entre muchos otros.

¿Quién más desea ser un design thinker?

Para desarrollar una estrategia digital, tendremos que aprender (y usar) nuevas técnicas como el design thinking.

Este método está enfocado en fomentar la innovación en las organizaciones [con base en las personas, en sus conocimientos y en su habilidad por imaginar lo diferente] de una forma eficaz y exitosa.

Las organizaciones que son capaces de crear un clima de Innovación encuentran las grandes ventajas de la participación activa y entusiasta de sus equipos humanos, con ideas nuevas y proyectos motivadores.

Es obvio de lo anterior que el equipo de trabajo es la clave.

Hoy, a medida que el terreno de la innovación se expande para abarcar procesos y servicios centrados en el ser humano, así como productos, las empresas están pidiendo a los diseñadores que creen ideas en lugar de simplemente hacerlas estéticamente atractivas.

El design thinking lleva implícita la necesidad de observar a los usuarios [clientes] con el objetivo de buscar soluciones que se centren en ellos.

Entonces, en el ámbito actual de los negocios, podríamos anotar que es un enfoque en la empatía de los clientes y las soluciones de prototipado rápido a los problemas de los clientes (un sentido de urgencia para evitar que el pez chico se coma al grande), de una forma que sea tecnológicamente factible y comercialmente viable (que se obtenga valor para el cliente). Hablamos, por supuesto, del prototipado de las ideas más prometedoras, y no lo confundamos con el de una pantalla de menú de una aplicación de recursos humanos, por ejemplo.

Tradicionalmente son cinco pasos que se siguen [no precisamente de forma línea]:

  1. Empatizar con las personas que disfrutarán de nuestro trabajo, mediante observación y entrevistas, hay que entenderlas, intentar sentir lo que sienten, identificar lo que les interesa, es buscar descubrir y comprender los supuestos personales y organizacionales y las inclinaciones alrededor de un punto focal –cómo abordo el desafío.
  2. Definir, para identificar cuáles son sus actuales ideas, y poder seleccionar qué necesidades concretas del cliente vamos a solucionar, es identificar e interpretar las tendencias y patrones –cómo interpreto mis hallazgos.
  3. Idear, ya estamos listos para uno de los momentos más atractivos del método, la eclosión creativa para generar ideas (las reglas innegociables en toda sesión de lluvia de ideas son: no criticar las aportaciones de los demás, generar cuantas más ideas mejor y hacerlo en un clima distendido y de diversión profesionalizada), es desarrollar conjuntos de mapas divergentes y provocativos utilizando creatividad, datos, intuición e investigación –qué es lo que creo.
  4. Prototipar, convertir las mejores ideas en diseños reales que las personas puedan ver, tocar y con las que puedan interactuar, es informar esfuerzos de planeamiento de largo aliento, inspirar innovación, y crear hoy el futuro –cómo construyo mi idea.
  5. Testear, con una pequeña muestra, dejar que toquen y experimenten, aguantar la respiración [y esperar pacientemente saber qué funcionó y que no], sin perder la sonrisa, y escuchar sus opiniones finales (la bendita, esperada y preferible retroalimentación) –cómo pruebo y mejoro la idea

Bueno, creo que algunos de nosotros hemos estado utilizando este modelo (independiente a la profesión), por varios años, aunque no le llamamos así; de hecho, no le poníamos nombre y, a mi entender, y en algunos aspectos, es una cuestión de sentido común que se va ganando con la experiencia, compromiso y perseverancia.

No me malentiendan, evidenciarlo ahora, aunque no sea nuevo en concepto, resulta útil para todos, con o sin experiencia.

Design thinking no se trata de crear productos o empresas, sino de tomar medidas concretas para hacer de nuestro mundo un lugar mejor.

Es una forma de pensar, está centrada en las personas, es colaborativa, es optimista, es experimental. Busca una perspectiva adaptable, resistente y transformacional.

Cómo crear un plan contra violación de datos en 9 pasos

Cómo crear un plan contra violación de datos en 9 pasos

Primero tengamos presente que se pueden considerar varios escenarios posibles en un plan contra violación de datos.

Esto porque no podemos anticiparnos a todas las situaciones posibles en que un determinado hackeo se puede desarrollar, y aun así este plan debe ser flexible, como un planeamiento para la recuperación de desastres y planificación de continuidad de negocio (la colaboración en lugar del aislamiento) –y veremos que es muy parecido. Interesante, varios proyectos pueden salir de este esfuerzo.

De hecho, conviene realizar un análisis de los procesos de negocio y las necesidades de continuidad, sin olvidar las necesidades de seguridad de la información, algo que cada empresa debe emprender, y dependerán de los objetivos de la organización sobre el punto de recuperación (RPO) y el tiempo de recuperación (RTO).

Bueno, al grano –y con anticipación porque es importante, de modo que podamos reducir las urgencias o el riesgo durante las urgencias.

  1. Sabemos que debemos empezar con una evaluación de riesgos, para priorizar qué sistemas recuperar y restaurar primero (establecer los componentes esenciales –inventario de por medio del hardware necesario y del software requerido para restaurar la producción; los datos, su tipo y sensibilidad, almacenado/procesados/transportados haciendo uso de estos componentes) –porque ponernos a pensar durante la emergencia podría ser contraproducente. Conviene realizar un análisis de impacto sobre el negocio (BIA) para identificar los procesos críticos (con sus procedimientos por supuesto) y priorizarlos de acuerdo con su impacto en la organización.
  2. No olvidemos implementar controles preventivos (con sus procesos estandarizados, normalizados, documentados), como primer paso tras analizar las brechas, de seguridad de la información, y de recursos y capacidades existentes (financieros, organizacionales, de personal, competencias, experiencia, entre otros).
  3. Conviene establecer umbrales y adecuarlos a los niveles correspondientes de respuesta que hayamos establecido –o que podamos establecer, así como los criterios de evaluación correspondientes al tipo de datos que se verían comprometidos, con base en nuestros recursos y capacidades internos o los que podamos conseguir.
  4. Así como los médicos en la sala de urgencias seleccionan y clasifican a los pacientes para evaluar la prioridad de su atención de acuerdo con sus posibilidades de supervivencia y recursos disponibles, igual debemos realizarlo nosotros, determinando el alcance de ese impacto, cuáles son los sistemas más importantes (misión crítica) y datos (más importantes) y que, por lo tanto, necesitan atención en primer lugar, cómo aislar y proteger los datos (nivel de seguridad necesario para los datos y aplicaciones, ubicación), y cuánto tiempo se espera que dure la interrupción –antes de activar otros medios de continuidad.
  5. De hecho, debemos construir flexibilidad de modo que la empresa pueda responder de la manera que, coyunturalmente (no siempre contará con los recursos y capacidades suficientes o apropiados), le convenga (para no incurrir en problemas legales por incumplimiento con la ley de protección de datos personales, por ejemplo).
  6. Es muy importante establecer, difundir, y mantener vigente la matriz RACI correspondiente, y que ésta sea lo más granular posible, para asegurar que los roles, funciones, y responsabilidades (del personal clave tanto interno como externo, y de apoyo, considerando su disponibilidad y la capacidad de su ubicación oportuna) sobre un conjunto de actividades sean conocidas, claras, justas, entendidas, asumidas, adoptadas, interiorizadas, comprometidas, evitando una situación de juez y parte. Por ejemplo, habría que identificar las personas en la organización que tienen la autoridad para declarar un desastre y por ende, colocar el plan en efecto.
  7. No olvidemos detallar cuándo y cómo invertir en el equipo ejecutivo de gestión de crisis para que se cumplan los requisitos legales y normativos adecuados con respecto a las infracciones de datos. Las personas de relaciones públicas de la compañía pueden ayudar a informar adecuadamente a los clientes y consumidores.
  8. El negocio deberá establecer sistemas alternativos, como decidir cuál de las funciones de la organización son esenciales, y repartir el presupuesto disponible conforme a este criterio, o a establecer acciones manuales (considerando por supuesto la sensibilidad de los datos) que se disparan ante un evento, en la medida que sea posible lo que requeriría posiblemente un esfuerzo de capacitación adicional.
  9. Por supuesto, debemos ejecutar simulacros [lo más reales posibles] de eventos basados en tipos específicos de desastres [no idea, sino realidad], incluyendo brechas de seguridad. Así, la organización deberá proveer los recursos necesarios, establecer si necesita ayuda externa, planificar y programar los simulacros (al elefante nos lo comemos por tajadas), difundir su realización, establecer las estrategias de recuperación, diseñar los escenarios, priorizarlos, evaluar cada qué tiempo realizarlos y obtener la autorización del cuándo realizarlos (no vaya a ser que programemos una prueba justo cuando existe en el mismo día un evento crucial para la organización), cómo los va a realizar (la creación previa de plantillas de verificación ayuda a simplificar este proceso), afinar los planes y mantenerlos vigentes (como dijo Dwight ‘Ike’ Eisenhower, “el plan es nada, la planificación lo es todo”), entre otros factores.

CICLO DE VIDA DE UN SERVICIO DE TI

Ciclo de vida de un servicio de TI

Seminario dictado durante la Semana tecnológica de la Universidad Simón Bolívar -USB

MINEDU: Norma de Calidad de Seguridad del producto software

OFIN: Proyecto seguridad del producto software.

El objetivo es normar las actividades necesarias para asegurar que el producto software a implementarse en el Ministerio de Educación cuente con las condiciones mínimas de seguridad lógica.
Área de Calidad y Seguridad de la OFICINA DE INFORMÁTICA (OFIN) DEL MINISTERIO DE EDUCACIÓN (MINEDU).

MINEDU: Proyecto NEO

El objetivo principal del Proyecto NEO es normar la estructura de operatividad del Área de Calidad de la OFICINA DE INFORMÁTICA (OFIN) DEL MINISTERIO DE EDUCACIÓN (MINEDU).

  1. Acta de constitución del Proyecto NEO
  2. Plan de gestión del Proyecto NEO
  3. Proceso Verificación de la calidad y seguridad del producto software

UPC – Soporte: Proceso Pases a producción

Este Proceso Pases a producción fue desarrollado en la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas -UPC, en el Área de Soporte.

El objetivo es definir los procedimientos necesarios para ejecutar los Pases a Producción que solicite el usuario final o el área de Desarrollo de Sistemas, con la aprobación correspondiente. Estas solicitudes deben cumplir los requisitos necesarios para su adecuada y exitosa ejecución.. Continue reading

UPC – Soporte: Proceso Control y monitoreo

Este Proceso Control y monitoreo fue desarrollado en la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas -UPC, en el Área de Soporte.

El objetivo es definir la forma de realizar el monitoreo de los servidores de UPC, indicando los parámetros a registrar y la manera de configurar los programas y servicios necesarios.

Continue reading