22 maneras de lograr reuniones más productivas -y seguras

22 maneras de lograr que las reuniones sean más productivas -y seguras

Para los no expertos, u olvidadizos, conviene recordarlas –aunque no sean las únicas. No olvidemos, sin embargo, la seguridad de la información.

El objetivo de toda reunión es lograr algo –ideas, avanzar en los proyectos, resolver problemas, mejorar servicios, entre otros. Buscamos un efecto positivo en la moral de los colaboradores, así como en el rendimiento del equipo y de la organización. Los líderes dirigen reuniones para hacer el trabajo.

Las reuniones pueden ser realmente productivas, de calidad, si contamos con las herramientas de colaboración adecuadas y configuradas apropiadamente para reducir las fallas de seguridad de las aplicaciones, y así evitar que los datos de toda la organización sean vulnerables (utilizando cifrado de datos, contraseñas seguras, evitar descargas automáticas, entre otras medidas) y, lo que es más importante, la mentalidad correcta, con la capacitación apropiada en cuanto a seguridad de la información.

La colaboración es una habilidad muy personal, y cada uno de nosotros trabaja de manera diferente (consideremos la generación en que nacimos), usamos herramientas diferentes –lo que crea problemas de seguridad de la información.

Unos prefieren una videoconferencia sobre una llamada telefónica o comunicación vía WhatsApp; otros prefieren utilizar el chat o el correo electrónico (cuidando la netiquette -reglas de convivencia/etiqueta en la red) para intercambiar archivos, por ejemplo; otros, el teletrabajo; otros utilizar sus propios dispositivos de comunicación (BYOD), buscando siempre movilidad (y asegurar que esa movilidad no comprometa la seguridad); por ejemplo. Como vemos, aparecen muchos riesgos de seguridad.

Con respecto a las reuniones, debemos considerar, entre otras cosas, pero no limitadas a, las siguientes:

  1. Determinar la necesidad de la reunión que se convoca. ¿No podemos obtener los mismos resultados mediante una llamada telefónica o un correo electrónico, por ejemplo?
  2. Designar el facilitador. Conviene un líder que puede reforzar las grandes ideas articuladas en la reunión, ayudar a una discusión positiva y asignar actividades de seguimiento.
  3. El objetivo de la reunión (por qué necesitamos reunirnos, qué ha ocurrido que demanda reunirnos). Las reuniones más eficaces son aquellas donde los objetivos son claros (enfocados, accionables/realizables con autorizaciones y recursos, oportunos). Este tipo de reuniones son las que generan un impacto positivo en el negocio, sobre las medidas de productividad, innovación y cuota de mercado.
  4. Programar una agenda pensando en tareas y no en tópicos ayuda, estableciendo a priori el tiempo que invertiremos en cada tarea propuesta (tiempo sincerado en relación con el alcance del trabajo que se espera completar de dicha tarea), y estableciendo la persona directamente responsable a cada tarea. ¿Serán suficientes 30 minutos en total?, considerando lo anterior o, como dicen, menos es mejor, si contamos con alguna estadística interna.
  5. La sensibilidad de la información que se tratará, las herramientas que se utilizarán, y los medios que se emplearán, todo antes, durante y después de la reunión. Necesitamos identificar los mecanismos de seguridad que serán empleados en cada caso, por todos los participantes, directos e indirectos (asesores internos y externos, asistentes, entre otros).
  6. Anticipar reacciones fuertes o negativas durante la reunión –considerando los posibles participantes, y condiciones que originan la necesidad de reunirse. El silencio podría ser considerada una reacción fuerte –y debemos aprender a tolerarlo. Tal vez una retroalimentación utilizando herramientas colaborativas puede ser útil, para evitar una relación ‘cara a cara’ que podría tomar tiempo.
  7. La zona horaria en que se encuentran los posibles participantes –o la posible situación a tratar, para realizar la convocatoria en SU horario, no el nuestro. Se supone que, aunque lejanos, hemos mantenido el contacto siempre ¿verdad?
  8. El mejor horario para agendar las reuniones y evitar distracciones ¿de martes a jueves tal vez? (luego que las cosas ocurridas el fin de semana han sido resueltas, y antes de los preparativos del siguiente fin de semana) ¿entre las 09:00 y las 11:00 horas? (después del desayuno y antes de la hora del almuerzo) ¿o entre las 14:00 y las 16:00 horas? (después del almuerzo y antes de la hora de salida) Cada organización tiene –y mantiene- sus tiempos en que se encuentran más alertas.
  9. Con qué información necesitamos contar -antes de la reunión para ser difundida y trabajada por los asistentes con anticipación.
  10. Asegurar la puntualidad (de inicio y de fin), un factor de respeto en equipos de trabajo –y además porque todos andamos muy ocupados ¿verdad? ¿Ofrecemos premios a los puntuales y castigo para los tardones? O nos basamos en la ética y respeto mutuo.
  11. Debemos establecer expectativas claras para la participación. Debe quedar claro lo que realizaremos (trabajar algo, coordinar algo, decidir sobre algo –aunque hay cosas que no pueden esperar a las reuniones); así, los participantes pueden expresar responsabilidad personal por una determinada acción. Si utilizamos una reunión para informar algo, que sea realmente crítico, o buscar emplear otros medios. Bueno, depende de la cultura organizacional.
  12. Tener en claro la información que necesitamos obtener, como resultado de la reunión. Esto implica una gestión de conocimiento.
  13. Identificar o programar con tiempo el tipo de reunión que sostendremos (presencial, remota/virtual), asegurando que todos los participantes contemos con lo necesario en cada caso y con la debida anticipación. No olvidemos repasar la “tarea” de la última reunión. Cuánta anticipación dependerá, dirán muchos, de la urgencia, sin considerar el trabajo previo a realizar, cuya calidad no estará garantizada.
  14. Convocar a las personas en la correcta cantidad (cuantos menos sean, mejor), con la adecuada competencia y experiencia, cantidad y nivel de información requerida, nivel de responsabilidad y autoridad para asignar y designar recursos, y a los que necesiten los resultados de la reunión. En otras palabras, convocar a los esenciales.
  15. La preparación previa que requiramos, como conocer la presentación que haremos para no leer las presentaciones y aburrir a los participantes, conocer a quién nos dirigimos, conocer cuáles son sus intereses, conocer el balance de su poder e influencia, entre otros aspectos.
  16. La comodidad del lugar (ubicación, sonoridad, control ambiental, espacio personal, tamaño del lugar, mobiliario apropiado y en buenas condiciones – ¿una mesa redonda tal vez?, iluminación, disponibilidad y acceso a los servicios, entre otros aspectos). Tal vez convenga realizar una determinada reunión fuera del salón de clase (la sala de reuniones habitual), especialmente si son pocos participantes. Igual, dependerá de la cultura organizacional y, quizá, también, de lo que se vaya a tratar.
  17. La herramienta a emplear –incluso utilizar algunas que hasta hace un tiempo podrían no haber sido autorizadas en la empresa, pero que ahora son necesarias para “mantenerse on-line” (fuera del lugar de trabajo, en cualquier sitio, y a toda hora).
  18. El medio a emplear (video conferencia, audio conferencia, por ejemplo), y no olvidemos antes y durante la reunión a aquellos que asisten de forma virtual –también son participantes.
  19. Asegurar, por supuesto, que no haya distracciones al utilizar dispositivos personales y otra agenda personal (realizando trabajos que no tienen relación con el propósito de la reunión, generando distracción y, por tanto, retrasos). Utilicemos las herramientas que realmente necesitemos, apaguemos lo demás, por respeto a los participantes.
  20. Cómo lograr no ser el único que habla (no estamos dando una disertación) –cuidemos el ego. Recordemos que la participación es lo que hace una reunión ya que tienen la oportunidad de proporcionar otras perspectivas sobre la tarea a realizarse, a hacer que las ideas fluyan. Todos tenemos derecho a defender nuestras ideas y a trabajar a partir de la crítica honesta -y constructiva por supuesto.
  21. Cómo hacemos para permanecer en el tema porque, puede ser inevitable que existan desvíos, por la cultura organizacional o de los propios participantes o interés de alguno de los participantes. Por ejemplo, si la conversación está saliendo del tema, lideremos el asunto (re-enfoquemos la reunión, el punto tratado), no tengamos miedo de intervenir y traer la conversación de nuevo a los temas descritos, y registremos todos los puntos relevantes planteados para una futura discusión.
  22. No olvidar recapitular al final de la reunión lo trabajado, los acuerdos (compromisos) tomados (las fechas objetivo concretas, los siguientes pasos, las tareas a ejecutar), de registrar todo convenientemente, y de realizar el seguimiento correspondiente (hecho de una manera que promueve la reflexión y el aprendizaje, y minimice las reacciones defensivas), previa difusión de lo realizado para que todos sepan que se hará con las decisiones tomadas.

Muchos de nosotros sabemos lo difícil que es hacer nuestro mejor trabajo y permanecer comprometidos con los resultados mutuos en un ambiente donde las reuniones no nos comprometen a aportar nuestras mejores ideas de manera eficiente y efectiva. Nadie desea críticas, reclamos, quejas, echar la culpa, aburrimiento o pensar que hemos malgastado nuestro valioso tiempo o el de nuestros colaboradores, y peor si hemos tenido que desplazarnos para nada.

Una vez que se hayan establecido estándares para reuniones eficientes, eficaces y entretenidas, su equipo seguirá [los estándares] – y las reuniones pueden comenzar a ser la mejor parte de su día de trabajo.

¿Algo que agregar o mejorar?

Bueno, hemos visto bastante sobre cómo realizar reuniones efectivas y planteando un esquema de seguridad en ellas.

Con respecto a la seguridad de la información antes, durante, y después de estas reuniones, cabe considerar, entre otras cosas, pero no limitadas a, las siguientes:

  1. Si la cultura organizacional interviene, ¿dónde queda la política de seguridad de la empresa?
  2. El asunto se complica si consideramos a los terceros en esto – ¿podremos hacer que se sujeten a nuestras reglas/políticas de seguridad o utilicen nuestras herramientas? ¿qué opinan?
  3. ¿Qué opciones tecnológicas podríamos ofrecer –o necesitamos implementar en adición- en estos casos?
  4. ¿Requeriremos (y podremos lograr) una transformación digital?
  5. ¿Cuáles serían las nuevas restricciones?
  6. ¿Propondremos herramientas en la nube –incluidas las redes sociales?
  7. ¿Qué protección brindaríamos y cómo mantendremos la seguridad si utilizamos la nube o redes sociales –y la sincronización de la información para evitar ‘malos entendidos’ o ‘desfase’, o excusas similares?
  8. ¿Qué políticas, normas o procedimientos nuevos estableceremos –o cómo afinamos, agilizamos, flexibilizamos lo existente?
  9. ¿Qué pasa con los cuidados que los propios usuarios debemos tener presente durante el uso de los servicios en nube o de redes sociales, como por ejemplo, a quién entregamos nuestro número de teléfono o correo electrónico?
  10. ¿Qué hay sobre los dispositivos o componentes que dejamos de lado en favor de los nuevos (independiente del motivo del reemplazo)? ¿Tenemos como norma adoptada y accionable destruirlos o borrar su contenido?
  11. Si utilizamos esquemas de comunicación como teletrabajo, ¿cómo garantizamos la identidad del interlocutor? ¿Cómo garantizamos la confidencialidad de la información tratada?
  12. ¿Deberá ser necesaria la firma de acuerdos de confidencialidad?
  13. ¿Podremos controlar que no se utilicen dispositivos (personales o provistos por la empresa) que hayan sido objeto de rooting, jailbreaking u obteniendo de otro modo acceso privilegiado al dispositivo?

En general, no sólo se trata de crear una ilusión de seguridad, es necesario medir la efectividad del esfuerzo. Queda abierto el debate.

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